El marqués de Gabiano muestra sus tesoros

Giacomo Cattaneo Adorno, marqués de Gabiano, 65 años, posa de espaldas a su escritorio. Luis de las Alas
Giacomo Cattaneo Adorno, marqués de Gabiano, 65 años, posa de espaldas a su escritorio. Luis de las Alas

En la bodega del Castillo de Gabiano envejecen alguno de los vinos más exquisitos del Piamonte italiano. El marqués Giacomo Cattaneo Adorno nos recibe en su fortaleza documentada en tiempos de Carlo Magno.

La puesta de sol se cuela por las enormes ventanas ojivales del castillo de Gabiano, inundando el patio del torreón de una luz anaranjada. Ubicado en el corazón de Monferrato, una zona vinícola del Piamonte italiano situada al noroeste del país, sus espectaculares vistas ensanchan el alma. En primer término, los tejados de Gabiano, un apacible pueblo de unos 120 habitantes; de frente, los viñedos del castillo sobre unas colinas por las que serpentea el Po; y en el horizonte, el macizo Monte Rosa con el valle de Aosta a sus pies. Ante la bella panorámica, los extasiados visitantes se resisten a abandonar las alturas. Pero una repentina brisa invita a recogerse. En el comedor principal aguardan los marqueses de Gabiano, propietarios del castillo, que han organizado una cena de gala a la luz de los candelabros.

Entre las botellas históricas de la bodega figuran un Pedro Ximénez de 1870 y un Málaga de 1853Luis de las Alas

Entre los invitados a la cena está el chef del restaurante surcoreano Gaon, galardonado con tres estrellas Michelin en 2017. Él se encargará de preparar un original Yuk-hoe típico de Seúl, plato al que acompañan un Fuagrás de Las Landas, un Rissoto a la naranja, Quesos piamonteses y una Tarta de mandarina caramelizada. Todo ello maridado con vinos de la centenaria bodega: Castello 2013, Matilde 2011, Adornes 2011…, y dos joyas históricas procedentes de los Jardines del Generalife de Granada, un Pedro Ximénez de 1870 y un Málaga de 1853. El descorche de estas antiquísimas botellas añadirá un punto de emoción a la velada.

Para abrir boca hacemos un recorrido por el castillo, mientras nos adentramos en su atribulada historia. Ya en el siglo VIII, un documento firmado por Carlo Magno testificaba la presencia de un cortem magnam nominam Gabianam. En 1164, Federico I Barbarroja le donó la fortaleza al marqués Guglielmo II de Monferrato, y desde entonces se convirtió en un importante enclave estratégico y económico. Su propiedad fue reclamada por numerosas familias hasta que en 1622 el duque Ferdinando de Gonzaga se lo vendió al noble genovés Agostino Durazzo Pallavicini para saldar una deuda, otorgándole el título de marqués de Gabiano.

Vista del castillo desde los viñedos, plantados en las colinas más altas de Monferrato.Luis de las alas

En 1908, el marqués Giacomo Filippo Durazzo Pallavicini inició una profunda renovación del castillo, en la que se restituyeron las torres originales que habían sido eliminadas en una reforma anterior del XIX. Su esposa Matilde Giustiniani concluyó las obras en 1935, y el conjunto recuperó su encanto medieval. Esta rica aristócrata no tuvo hijos de su primer marido, banquero de profesión, ni tampoco del segundo, el senador Pierino Negrotto de Arenzano. Tras enviudar de ambos adoptó como hija a su sobrina Carlotta Giustiniani, legándole su fortuna.

Conocida como ‘la última reina de Génova’, Carlotta, hija de diplomático, amante del arte y licenciada en Arqueología, se casó con el marqués Mauricio Cattaeo Adorno. El matrimonio se mudó a Río de Janeiro, donde él montó una próspera fábrica de cemento, y allí nacieron sus dos hijos: Marcello y Giacomo. En 1964 el padre falleció en una regata.

Biblioteca y escritorio del marqués.Luis de las Alas

El Heredero

Giacomo Cattaeo Adorno (Río de Janeiro, 3 de octubre de 1952), el segundo vástago, es el actual marqués de Gabiano. Él tenía 13 años cuando ocurrió la tragedia. “Fue un golpe muy duro. Por suerte, mi madre tenía mucho coraje: al día siguiente lo primero que hizo fue subirnos a un barco”, recuerda nuestro anfitrión. A sus 65 años, este importante empresario reconvertido en bodeguero ha sido varias veces campeón nacional de vela y ha surfeado en las mejores playas del mundo, “incluida la de Mundaka”. Durante un tiempo vivió en el Palazzo Durazzo-Pallavicini de Génova, un palacio familiar del siglo XVII repleto de cuadros de Van Dick, Rubens, Ribera y Tiziano. “Cuando era niño, cenaba en este palacio con mi abuela Matilde. Cada noche, cuando me iba a dormir, pasaba por esta galería. Era bastante impresionante”. En 1980, él y su madre recibieron a Isabel II de Inglaterra y le mostraron esta colección.

En la bodega excavada en roca envejecen reservas y vinos históricos. Luis de las Alas

Licenciado en Economía, a los 30 años creó su propia empresa de construcción, Gepco, que se adjudicó importantes proyectos de obra pública como la renovación del estadio de fútbol de Génova o la transformación de la fábrica Pirelli de Milán en una universidad pública. En 1989, tras el fallecimiento de su madre, heredó el castillo de Gabiano, y desde entonces compagina el ladrillo con la viticultura. “Vivir de las rentas no forma parte de nuestra forma de ser”, afirma el marqués, orgulloso de pertenecer a una familia genovesa de larga tradición comercial que ha sabido mantener su patrimonio desde el año 1.100.

Junto a su mujer, la arquitecta Emanuela Brignone, gestiona esta finca de 260 hectáreas (22 de ellas dedicadas a viñedo) que incluye una centenaria bodega, una tienda de vinos, un jardín medieval, un resort de seis suites y el restaurante de comida piamontesa 3 Orologui. “Nuestro objetivo principal es la renovación y el desarrollo del territorio. Y tanto la producción de vino como la hospitalidad forman parte de esta actividad”, afirman. Experta en intervenir edificios históricos, Emanuela ha transformado el antiguo pabellón de caza del castillo en un encantador hotelito. El matrimonio tiene dos hijos gemelos de 35 años: Serena (directora de la prestigiosa Galería Gagosian de París) y Filippo (administrador de la constructora familiar). Son los últimos eslabones de una saga familiar emparentada con el Gotha europeo.

En 2014, la Unesco eligió el ‘Paisaje vitícola del Piamonte: Langhe-Roero y Monferrato’ Patrimonio de la Humanidad. “Sus viñedos constituyen un ejemplo excepcional de interacción entre el hombre y su ambiente natural”, reconoció.

Barbera, Freisa y Grignolino son las variedades locales más empleadas para elaborar los vinos de Castillo de Gabiano, además de otras internacionales como Merlot, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon y Chardonnay. Plantados a 300 metros de altura, los viñedos se orientan hacia el sol del mediodía y capturan la fresca brisa de los Alpes. El terreno está compuesto por estratos de material calizo mezclados con rocas areniscas. Como resultado, los vinos expresan un terroir caracterizado por “notas saladas y picantes, persistencia en paladar y gran potencial de envejecimiento”, señala el enólogo, Mario Ronco. “La poda se realiza mediante el sistema Guyot para mejorar el rendimiento de las viñas; no utilizamos fertilizantes, y la intervención es mínima”, añade.

Viaje en el tiempo

Castillo de Gabiano produce 150.000 botellas al año y comercializa una decena de etiquetas: desde Matilde Giustiniani (reserva D.O. Gabiano) a Il Ruvo (Grignolino de Monferrato) pasando por Castello (Chardonnay de Piamonte). El 60% de la producción se exporta a países como EEUU, Canadá, China, Japón y Hong Kong. “Hasta hace poco, estos vinos eran un tesoro escondido; apenas eran conocidos internacionalmente porque estaban reservados a los amigos de los marqueses”, comenta Pablo Alomar Salvioni, un experto en sakes japoneses que comercializa la marca en Asia. “Gustan mucho al paladar asiático por su potencia reducida y elegancia final. El sushi, por ejemplo, combina muy bien con el Grignolino”. ¿Con qué vino se identifica el bodeguero? “Con el Barbera puro”, responde sin dudar y añade: “Tiene complejidad porque las uvas están muy seleccionadas, es directo, estructurado, tiene potencia, aromas y suavidad. ¡Aunque este no es exactamente mi retrato!”, se ríe .

Descender a las bodegas del castillo es hacer un viaje en el tiempo. Datan del siglo XII y están excavadas en roca, manteniendo la temperatura a 6º C durante todo el año. Aquí envejecen reliquias de 1803 o reservas de 1964. Para la cena de gala, como decíamos, el marqués descorcha dos botellas de su colección privada: un Pedro Ximénez de 1870 y un Málaga de 1853 procedentes de Palacio de Generalife de Granada. Catarlos es un auténtico privilegio. ¡Fueron elaborados hace más de un siglo! Por suerte, han resistido el paso del tiempo. Pero, ¿cómo llegaron hasta aquí? Éste sería el resumen de una historia que se remonta cinco siglos atrás… Tras la Reconquista, los Reyes Católicos entregaron la gestión del Generalife a la familia Granada-Venegas, que eran descendientes directos de los reyes nazaríes; reconvertidos al catolicismo, ostentaban el título de marqueses de Campotéjar. Hacia finales del XVII, los Granada-Venegas emparentaron con nobles italianos, primero con los Grimaldi de Génova y más tarde con los Durazzo-Pallavicini. Hasta que en 1921, tras un pleito de casi cien años, el Estado español expropió el monumento a los propietarios, Giacomo Filippo Durazzo-Pallavicini (17 y último marqués de Campotéjar) y su esposa Matilde Giustiniani. “En compensación, mi abuela fue nombrada marquesa del Generalife y Grande de España. Sólo pudo rescatar la espada de honor de Boabdil (que se exhibe en el Palazzo Durazzo-Pallavicini de Génova) y 1.200 botellas de la bodega del Generalife, incluidas las añadas de 1803 a 1890″, explica el marqués antes de retirarse a sus aposentos. Junto a su cama con dosel se extiende el árbol genealógico familiar que le emparenta con el último rey de Granada

Los vinos más exclusivos

 

Los vinos del Castillo de Gabiano expresan un terroir caracterizado por notas saladas y picantes, persistencia en paladar y gran potencial de envejecimiento.

Adornes

Barbera DÁsti Superior DOCG. Elaborado exclusivamente con uva Barbera, procede de viñedos plantados en las colinas más elevadas de Monferrato. Fermentado en barrica durante 18 meses más un año en botella, destaca por su color rubí anaranjado. Concentrado y equilibrado, en nariz destacan sus aromas a frutos rojos, especias, cuero y un toque de chocolate, 30,75 euros.

Matilde Giustiniani

Con Denominación de Origen Gabiano DOC (exclusiva para el territorio del castillo). Elavorado con uvas Barbera (95%) y Freisa (5%) en fincas históricas, es un vino complejo con aromas de fruta negra mermelada, especias y chocolate. Concentrado y equilibrado, combina con platos de carne y quesos curados. Es perfecto como vino de “meditación”, 35,25 euros.

Castello

Concentrado, armónico y fresco este Chardonay 100% procede de viñedos plantados a 311 metros sobre el nivel del mar y expuestos, por tanto, a las brisas alpinas. Criado en barrica durante 9 meses y envejecido un año en botella, destaca por su color amarillo pajizo con reflejos dorados por su aroma de acacia, vainilla, miel y frutas. Marida bien con pescado, carne y quesos, 30,75 euros.

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