Poroto Cambiaso, hijo del número uno mundial Adolfo Cambiaso, es la nueva estrella de este deporte en Argentina. Hoy ejerce como embajador de la firma relojera suiza Richard Mille. “Quiero ser como Carlos Alcaraz”, afirma.
Con solo 20 años, está considerado uno de los mejores jugadores de polo del mundo. Por su precocidad y talento excepcional, al argentino Adolfo Poroto Cambiaso (Buenos Aires, 26 de noviembre de 2005) lo llaman el Messi del polo, y la comparación no parece exagerada. Su meteórica carrera está jalonada de triunfos. A los 14 años ganó la Copa Real Windsor en Reino Unido y es el jugador más joven de la historia en lograr la Copa de la Reina, el US Open y el Open de Argentina, los torneos más prestigiosos de polo. A los 17 había alcanzado un hándicap de 10 goles, la clasificación más alta que puede conseguirse en este juego de equipo que combina velocidad, estrategia y habilidad ecuestre. Desde su debut como profesional las expectativas fueron enormes. No en vano su padre es Adolfo Cambiaso, el mejor jugador de polo de todos los tiempos y actual número uno mundial.

Nuestra cita con el crack porteño tiene lugar una soleada tarde de junio en Ascot (condado de Berkshire, Inglaterra), en Coworth Park, un lujoso hotel rural perteneciente a la Colección Dorchester, el único del país con cancha de polo. “De chico tuve mucha presión por ser quien era. Los aficionados me miraban distinto por ser el hijo de. Mi mamá (María Vázquez, modelo y presentadora de televisión) me ayudó a no sentir esa presión, a jugar por diversión. Por encima de todo yo amo el deporte y los caballos”, explica.
El origen de su nombre de pila es singular. “Lo de Poroto (alubia en Argentina) me lo puso mi hermana mayor, Mía, cuando aún estaba en la panza de mi mamá. Decía que iba a ser un porotito”, aclara. Con el tiempo, el apodo se convirtió en su marca personal.

En su muñeca izquierda luce un Richard Mille RM 67-02 de línea deportiva. “Ni siquiera lo noto, es realmente liviano y cómodo. Para mí esto es fundamental, porque la mano izquierda no va protegida con guante y es la que lleva las riendas. Hay que ir con cuidado para que no se enganchen”, explica el nuevo embajador de la marca relojera suiza, con más de 104.000 seguidores en Instagram. Su afición por los relojes no es nueva. “Me encantan. Mi papá ganó muchos de ellos en exhibiciones y me regalaba alguno”.
Poroto y su equipo nos llevan a visitar los establos donde descansan sus caballos. “Me gustaría clonar a Chicharra, es como un Ferrari”, dice acariciando a su yegua favorita. No obstante, para él los mejores ejemplares del mundo son los descendientes genéticos de la Cuartetera, la yegua más emblemática de su padre y del polo argentino en general: junto a ella, el cofundador del equipo La Dolfina ganó siete veces el Abierto de Palermo y la Triple Corona de 2013, 2014 y 2015. Hoy, la cuadra familiar cuenta con unos 2.000 caballos. Entre 100 y 150 de ellos han sido clonados, y, de estos ejemplares, unos 20 están compitiendo en la actualidad.
Poroto se crio en el rancho familiar de Cañuelas, una pequeña ciudad argentina situada a 55 km de Buenos Aires. Su abuela paterna regentaba una escuela de polo y su abuelo era surfista. A los 4 años se subió por primera vez a un caballo y a los 6 manejaba el taco. “Aprendí a jugar de una forma natural”, recuerda. “Mi padre también me dijo, la primera vez que me subí a un caballo: ‘Diviértete’. Me dio libertad para tomar mis propias decisiones y equivocarme solo”.
Partido memorable
A los 40 años Cambiaso padre pensó en retirarse por sus fuertes dolores de ciática, pero decidió alargar su carrera para jugar con un clon de la Cuartetera y cumplir un sueño: competir en el Abierto de Palermo –el más importante del circuito– con su Porotito. Al final lo ganaron juntos en 2022. “Fue el partido más lindo que jugué en mi vida”, recuerda. Sobre la cancha, dos equipos de cuatro jugadores, armados con sus tacos compiten para anotar en la portería contraria. El juego es rápido de gran exigencia física para el jugador y para el animal, y se divide en seis chukkers: periodos de siete minutos y medio en los que los jugadores cambian de caballo. Vestido con su uniforme de La Dolfina – pantalón blanco, camisa azul y casco con la bandera argentina–, se desmarca pronto del grupo e inicia el ataque. Su estilo es una mezcla de potencia, intuición y elegancia. “Mi hijo tiene el mérito de haber aguantado muy bien la presión. Además, ya ha batido algunos de mis récords. Pero sobre todo me siento orgulloso de que sea educado y buena persona; eso es mejor que ser un gran polista”, opina Adolfo Cambiaso.
El pasado julio, su hija mayor, Mía (22 años), se convirtió en la primera mujer argentina en ganar el British Open, mientras que la pequeña, Myla (14) es influencer y modelo. A punto de cumplir 20 años no se ve estudiando, aunque le interesa la psicología del deporte. “Espero poder mantenerme en un alto nivel toda mi carrera. Voy a trabajar y le voy a dedicar mi vida al polo”. Entre los deportistas que le inspiran están Rafa Nadal (integrante también de la familia Richard Mille) y Carlitos Alcaraz. “Cuando vi su remontada en la final de Roland Garros, pensé: ‘¡Uf, yo quiero ser como él!’”.
Fotos: James Mason.