Vuelve nuestro artista vivo más cotizado

1361883809_0

Cuando Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 8 de enero de 1957) asoma por la galería Elvira González ya está acechándolo un enjambre de fotógrafos. Hacía una década que no exponía en una galería española, y se le espera como a una esquiva estrella de cine o un futbolista galáctico recién fichado. Sólo le faltaba venir con su mono de trabajo y el dorsal pintado a brocha. El éxito le acompaña desde que fue seleccionado para la VII Documenta de Kassel, en 1982, aunque eso de ser “el pintor vivo español más cotizado internacionalmente” es una etiqueta que lleva con cierto hastío.

De paso fugaz por Madrid, excusa su retraso con una sonrisa tímida de payés y acto seguido se somete con profesionalidad a la ceremonia de los flashes. Es una rock star con hechuras de labriego. Compacto como una figura de barro cocida al sol, en su rostro vivaz de cincuentón destacan una quijada ancha, una mirada astuta y una perilla entrecana. Sus accesorios refuerzan una apariencia de tipo diligente: lleva unas gafas magnéticas de color verde colgadas del cuello, un iPhone con funda amarilla, un bolígrafo asomando por el bolsillo… Huele a tierra, o al menos nos lo imaginamos. A la de su pueblo mallorquín con la que ha realizado las obras de la muestra, todas de 2012: seis pinturas sobre lienzo tratadas con arcilla, a las que da una textura de porcelana y 12 cerámicas de distintos tamaños (están a la venta desde 85.000 €). Últimamente ha intensificado el uso de este material porque “es el que mejor recoge los defectos y las imperfecciones”.

EL MATERIAL. Antes de entrar en materia conviene leerse su Manifiesto de barro, redactado con motivo de la exposición. “La terracota, eso que llamamos cerámica, sería como el genérico de la pintura, como el ácido acetilsalicílico lo es de la Aspirina”, explica. Es decir, la arcilla es pintura y la pintura es la arcilla. Desde Altamira hasta Tàpies.

Vista de la exposición en la galería Elvira González de Madrid.

Los fotógrafos ya se han repartido el botín y ahora queda un grupo de periodistas en torno al pintor/escultor, que empieza a responder al fuego cruzado. “Desde el primer momento tuve claro que quería trabajar aquí”, afirma sobre su nueva sala madrileña, pues Soledad Lorenzo, su marchante en España, cerró por jubilación. “Este año también estreno galería en Francia, Hong Kong y Nueva York”. Y dicho esto va contestando a la caótica metralla de preguntas. “La arcilla procede de mi pueblo; seguramente tiene el ADN de mis ancestros”, prosigue, y si poco antes uno veía a Barceló posando con sus cerámicas, ahora sospecha que se ha retratado con sus antepasados. Pintar y modelar son actividades paralelas, “y como me gusta el reciclaje, las piezas que no salen bien las quemo. Me sirven de combustible”.

LA HISTORIA. Su romance con el barro viene de lejos, pero estas piezas salieron de la alfarería recién adquirida en su Mallorca natal; un taller que agonizaba por culpa de la burbuja inmobiliaria. “Están hechas con los restos de la crisis del ladrillo. Quería trabajar con este elemento constructivo precisamente por esa ironía que encierra y porque son muy hermosos per se. Oteiza ya los utilizaba. Y los romanos. Además, siempre uso lo que hay”. Sus caprichosas vasijas, decoradas con motivos de influencia asiática y africana, están coronadas por tejas retorcidas y ladrillos como peinetas. “Básicamente he usado arcilla y manganeso, los mismos materiales que usaban los ceramistas griegos”.

Barceló empezó con el barro en Mali. Como Gauguin con Tahití, hace 25 años llegó buscando un paraíso terrenal que le sirviera de inspiración. Y lo encontró en el país dogón. “Si empecé a trabajar con la arcilla es porque en Gogogy-Sabha el viento no me dejaba pintar. Y con este material no hacía otra cosa que seguir pintando”.

A comienzos de los 90, una alfarera de Banani le enseñó a mezclar la tierra con estiércol de camello y cascotes de tinajas hasta acabar modelando su primera figura: una cabeza. “Desde entonces he aprendido bastante”, se ríe este alfarero de 56 años, a quien su madre le inculcó su afición por la pintura. Por cierto, ¿qué opina ella de sus cerámicas? “Le gusta todo lo que yo hago, y sigue bordando manteles y cortinas sobre mis dibujos de fondos marinos”. Este crack destacó pronto. Tras pasar por l’Escola d’Arts i Oficis de Palma de Mallorca, con 24 años participó en la Bienal de Sao Paulo 1981 y con 25 en la de Kassel. En 1986 le concedieron el Premio Nacional de Artes Plásticas y dos años después instaló su taller en Mali.

La actual guerra contra los islamistas le impide regresar a África. “Sigo teniendo mi casa allí. Lo añoro. Pero el conflicto va para largo, y me da miedo que se convierta en una guerra poscolonial”. La temporada que antes vivía en Mali ahora la pasa “dando tumbos”. Ha aprovechado el tiempo en el Himalaya viendo pinturas medievales y el Turquestán, donde alucinó con unas obras budistas de lapislázuli. “El arte hay que verlo donde está”, afirma este Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2003 que durante su estancia en Madrid se acercó a ver la muestra de Van Dyck en El Prado.

EL FUTURO. Su tono cambia cuando habla de la política cultural española. ¿Qué le parece la subida del 21% de IVA? “Es un disparate. ¿Quién va a comprar arte aquí, cuando en Singapur no existe el impuesto?”, se pregunta el autor de obras monumentales (y polémicas) como la cúpula de la sede de la ONU en Ginebra o la capilla de la catedral de Palma de Mallorca.

De sus nuevos proyectos prefiere no hablar -“son demasiado ambiguos”- aunque enumera las exposiciones en Brasil, Nueva York y Zúrich. Buen momento para hacerle la pregunta del millón: Es el pintor vivo español más cotizado . ¿Es el mejor? (Resopla) “Es absurdo… Entiendo cómo funcionan los mecanismos del arte, pero no creo que por eso sea el mejor, ni mucho menos. Faltaría más “.

'Faena de Muleta' de Miquel Barceló.‘Faena de Muleta’ de Miquel Barceló.

EL RÉCORD DE ‘FAENA DE MULETA’. A Barceló le persigue el sambenito de ser el artista español vivo más cotizado en subasta. Cada cierto tiempo se supera, “aunque ser el más cotizado no significa nada”, se quita importancia. En junio de 2011, Christie’s adjudicó la obra de la fotografía por 4,4 millones de euros. ‘Faena de muleta’ muestra el ruedo a vista de pájaro y es una pintura de vigoroso empaste en tonos rojos, superó con creces el anterior récord del mallorquín: ‘Tres equis’ (1,5 millones de euros), inspirada también en la tauromaquia. En 2002 se pagaron 1,41 millones por ‘Autour du Lac Noir’. Asegura que siempre ha tenido coleccionistas en España, “y bastante regulares”. Su mercado es sobre todo europeo, aunque hay un interés creciente por su obra en Asia.

Más info: www.galeriaelviragonzalez.com

More from Juan Carlos Rodríguez

EL OTRO PERIODISMO

Los “forenses” de la prensa del corazón Su especialidad “quirúrgica” es despellejar...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *