Una historia familiar desgarradora

Casa con historia. La escritora, 47 años, en el salón principal del Castillo de la Monclova, en la provincia de Sevilla. A la izquierda de la imagen, tapiz de la serie David y Goliat; detrás de ella, retratos de los duques de Osuna.
Casa con historia. La escritora, 47 años, en el salón principal del Castillo de la Monclova, en la provincia de Sevilla. A la izquierda de la imagen, tapiz de la serie David y Goliat; detrás de ella, retratos de los duques de Osuna.

Heredera del ducado del Infantado y autora de éxito, Almudena de Arteaga ha buceado en el archivo de la familia para escribir La estela de un recuerdo, historia de un amor truncado por la guerra. Para hablar de ello y de qué significa hoy ser noble recibe a FS en el Castillo de la Monclova.

Se imaginan una versión española de 50 sombras de Grey? Pues de algo así podríamos estar hablando con la escritora Almudena de Arteaga (Madrid, 25 de junio de 1967) si hubiera aceptado la sugerente propuesta que le hizo una editorial. “Sí, sí, me dijeron: ‘‘¿Por qué no lo intentas? Estás justo en los 40, te puedes meter en el papel de una señora tradicional…’…’. Pero yo no me veía”, explica entre risas esta especialista en novela histórica, que se dio a conocer en 1997 con La princesa de Éboli y lleva casi dos décadas entre las más reconocidas y leídas del género. Al final, como advierte con ironía, será la mismísima Olvido Hormigos (la exconcejala socialista famosa por protagonizar un escándalo sexual, gracias a lo cual devino en concursante y tertuliana de televisión) quien debute como escritora en el género del sadomaso light, también llamado “porno para mamás”.

Digamos que la sensatez de Almudena, hija del actual duque del Infantado y XVIII marquesa de Cea, se acabó imponiendo. De modo que ya está “de bolos por las Españas” promocionando su última novela, La estela de un recuerdo (ed. Planeta), ambientada en la II República y protagonizada por una de las familias más tradicionales de Madrid: Joaquín de Arteaga e Isabel Falguera (los duques del Infantado de la época, sus bisabuelos) y sus siete hijos. Para escribirla ha tenido que enfrentarse a los recuerdos amordazados de sus antepasados más cercanos. “Era la primera vez que escribía sobre personas que había querido y admirado. Me costó mucho distanciarme de ellos”, explica en el salón principal del Castillo de la Monclova (Fuentes de Andalucía, Sevilla), donde se realiza esta entrevista. La estancia está decorada con los retratos y fotografías de algunos de los protagonistas, que asisten como testigos mudos a nuestra charla.

La estela de un recuerdo se centra en el convulso quinquenio que va desde la proclamación de la República (1931) hasta el estallido de la Guerra Civil. Y, cosa infrecuente, su autora lo hace desde la perspectiva de los monárquicos. Entregados a tres causas principales –”devolver el arrebatado respeto a Dios, la integridad a España y su trono al rey”–, los Infantado, siempre fieles a la monarquía, se sienten desprotegidos cuando Alfonso XIII toma el camino del exilio. Las reformas de la República cuestionarán sus ideales y harán peligrar su patrimonio. No obstante, y pese a la inestabilidad política, también disfrutarán de momentos de asueto durante sus estancias en el Castillo de Viñuelas (al norte de Madrid), en Zarauz o en sus posesiones de Burdeos. “Es una especie de Downton Abbey a la española”, dice la heredera del ducado del Infantado en referencia a la célebre serie británica.

Licenciada en Derecho y diplomada en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, Almudena de Arteaga prefiere heredar documentos antes que joyas. Por eso guarda como oro en paño una carta que Borja, el benjamín de sus bisabuelos, le escribió despidiéndose a la mujer de la que estaba enamorado, Rafaela, muy pocas horas antes de morir. “Esta misiva fue la chispa que me llevó a volcarme en el archivo familiar, donde me topé con dos cajas de correspondencia entre los principales personajes”, aclara la autora. Tras guiarnos por las diferentes estancias del Castillo de la Monclova, nos muestra una pequeña caja con las reliquias del patriota Borja de Arteaga. Dentro hay un gorrillo isabelino, la cartera militar del Ejército, unos gemelos esmaltados en rojo y negro……, y un pequeño cuadernillo del que arrancaba las hojas para escribir sus últimas misivas desde el frente. Monárquica convencida, la marquesa de Cea (que a sus 47 años es madre de dos hijas de 25 y 27 años y abuela primeriza) no pretende reabrir viejas heridas, pero sí rescatar la memoria histórica de los suyos.

Pregunta. Lleva 20 años publicando novelas, ¿no siente nostalgia de la toga?

Respuesta. Ni mucho menos. Dejar un sueldo fijo en un despacho de abogados para vivir de los derechos de autor, algo imposible últimamente por culpa del pirateo, fue una apuesta muy arriesgada. Imaginaba que tendría que regresar al despacho en cuatro años, pero La princesa de Éboli fue un boom tan inesperado que dije: “¿Y por qué no?”. Pasé de redactar demandas a redactar novelas, que es mucho más divertido.

P. Ha dicho que para que escribir una novela histórica “se debería dejar un margen de 100 años” para tomar distancia. No es así en La estela de un recuerdo

R. Cien años es el tiempo que tardan en hacerse públicos los archivos personales. Pero en este caso conocía a todos los personajes y tenía todo su epistolario desde 1931 hasta el primer año de guerra. Lo que escribe un hijo a una madre, por ejemplo, no puede ser más intimista. Gracias a esta correspondencia he podido moldear a mis familiares con mucha cercanía.

P. El 13 de abril de 1931 España se acostó monárquica y se levantó republicana. ¿Cómo vivieron los aristócratas este cambio de tercio?

R. Con mucha incertidumbre. Todas las reformas que propugnaba la República les afectaban: la agrícola, la militar, la religiosa…… El rey les pide calma; si se va es porque no quiere que se derrame una sola gota de sangre española, aunque luego no lo pudo evitar. Muchos monárquicos se exilian a Lisboa o a París; otros, como mi familia, deciden quedarse. En el fondo, ellos fueron los más defraudados. Habiendo luchado en el bando nacional pensaron que el rey iba a volver, y sabemos que tardó mucho en hacerlo. Cuando algunos reivindican la memoria histórica, yo echo en falta la otra mitad.

Aceite. Su aceite se comercializa en tres variedades (frantoio, arbequino y Koroneiki).

P. Y en su revisión histórica revestida de memorias, ¿no teme reabrir viejas heridas?

R. No, he huido de eso. Igual que mi tocaya Almudena Grandes, yo he escrito una novela sobre la República, aunque centrada en la otra parte. El telón de fondo es la Historia de España: lo que vivió una familia con una ideología determinada. Los Infantado iban de palacio en palacio, de castillo en castillo……, y nunca abandonaron su ideología, hasta el punto de que dieron la vida por ella. Es una especie de Downton Abbey.

P. En medio de esa inestabilidad política y un conflicto fratricida, una historia de amor llena de esperanza.

R. Si la novela se llama La estela de un recuerdo es porque está inspirada en dos cartas de amor que Borja, el pequeño de la familia, escribe con 20 años a las dos mujeres que más quiere: su madre y la niña que le gustaba, Rafaela. Fue en junio del 37 en Peña Lemona [Bilbao]. Cuando las leí se me pusieron los pelos de punta. Siempre pensé que era una historia muy potente de amor que había que contar. Fue un amor frustrado, porque él fallece. Con el tiempo, aquella muchacha de 17 años rehízo su vida, pero el destino quiso que una hija suya se casara con un sobrino de Borja. ese sobrino de Borja es mi padre, de ese matrimonio vengo yo… Esta es la historia de un amor frustrado que se hace realidad dos generaciones más tarde. Como me dijo mi tía abuela al regalarme la carta de Borja, “tú eres la estela de mis recuerdos”.

Libro. La estela de un recuerdo novela escrita por Almudena de Arteaga.

Los ventanales del salón dan a un espléndido jardín con piscina. “Quizá suene extraño que Gordillo, el alcalde de Marinaleda, haya venido alguna vez a darse un bañito a esta casa, pero es cierto”, bromea nuestra anfitriona, que ha venido a recogernos en su coche a la estación del AVE de Sevilla. Al actual presidente del Bloque Andaluz de Izquierdas y a sus acólitos hace un tiempo les gustaba acampar en Monclova al grito de “la tierra para quien la trabaja”. “Antes los nobles no pagaban impuestos, pero ahora sí. Si no haces nada para que produzca, en tres generaciones se esfuma. Esa idea del aristócrata tumbado a la bartola viviendo de las rentas es falsa”, afirma esta marquesa curranta, que se considera un eslabón en esta familia vinculada a la Corona de Castilla.

P. ¿De qué manera le ha marcado vivir entre castillos?

R. De ninguna en especial. Tengo un padre que nos ha educado con los pies muy en la tierra, y más bien con poco que con mucho. La buena educación es saber estar igualmente colaborando con una ONG en un campo de refugiados que en el Palacio Real almorzando con los reyes.

P. ¿Cuáles son las señas de identidad de la Casa del Infantado?

R. Es una de las principales casas nobiliarias de España con las de Medinaceli, Alba y Medina Sidonia. Da nombre al ducado del Infantado, concedido por los Reyes Católicos el 22 de julio de 1475 a Diego Hurtado de Mendoza, II marqués de Santillana. En seis siglos hemos tenido conquistadores, políticos, diplomáticos… Y literatos hay muchos: Garcilaso de la Vega, el marqués de Santillana, Bernardino de Mendoza o sor Cristina de Arteaga, gran poetisa de la Generación del 27 y en proceso de canonización, que aparece en la novela. No sé si tendré una gotita de sangre de ellos y alguna vez llegaré a lo mismo, pero lo intento día a día.

P. “Ser patriota, ser católico o monárquico hoy en día es una opción; para nosotros era la vida misma”, dice su tía abuela María, la narradora de la historia. ¿Todos esos valores están en crisis?

R. En todos los extractos sociales hay mucha gente orgullosa de ser española y de ser católica. En cuanto a la monarquía, tenemos al rey mejor preparado de la Historia. Yo soy abiertamente monárquica. Y estoy entre ese 57,4% de españoles que, según el último estudio del CIS, respalda la actuación de Don Felipe.

P. ¿Qué tal le cae Doña Letizia? Los monárquicos más recalcitrantes tardaron en aceptarla……

R. Porque no venía del entorno que ellos esperaban, pero por ahora a mí no me ha defraudado en nada. Lo que me apena es que se viertan ríos de tinta hablando sobre los tacones o el corte de pelo de la Reina.

P. Se ha llegado a decir que vivimos un ambiente semejante al de la II República…… ¿No es un poco exagerado?

R. Totalmente. En aquella época la gente se lanzaba a la calle para defender una ideología, ahora el bienestar social nos tiene más apaciguados. ¿Que la gente lo está pasando mal? Sí, pero ni mucho menos como en la II República. Las diferencias sociales eran tremendas; en el campo la gente no podía pagar un médico y moría de una apendicitis. Hoy se entra por Urgencias y te operan.

P. ¿Qué piensa cuando ve banderas republicanas en las manifestaciones de Podemos?

R. Que tienen su opción, de verdad. Lo que no hacen bien es insultar al de enfrente. Si algo no soporto en política es que se dediquen a insultarse.

P. En virtud de una Ley de 2006 sobre igualdad del hombre y la mujer en la orden sucesión, usted se convirtió en la principal heredera de la Casa del Infantado, desplazando a sus dos hermanos, Íñigo [fallecido en 2012 en un accidente aéreo] e Iván [al frente de la explotación agrícola]. ¿Cómo afectó a su vida ese giro inesperado?

R. Gracias a Dios, la principal cabeza, mi padre, aún vive. Él es el actual duque de Infantado. En casa, mis hermanos y yo hablábamos del tema y cada cual creía que tenía más derecho, pero nunca discutíamos por eso. Al final, la ley igualó a los primogénitos en la sucesión, independientemente de su sexo.

P. ¿Qué responsabilidades deberá asumir cuando se convierta en la XX duquesa del Infantado?

R. Heredar un título te obliga a rendir un homenaje a tus antepasados y a intentar mantener y acrecentar el patrimonio, una labor muy dura. Con lo que yo gane por mí misma puedo hacer lo que me dé la gana; de hecho, llevo viviendo de los derechos de autor desde hace 20 años. Pero el patrimonio que yo haya heredado de mi padre, de mi abuelo y de mi tatarabuelo tengo la obligación de mantenerlo. Es muy fácil vender un cuadro y tirarte a la bartola. Pero ese cuadro se lo estás quitando a tus hijos, a tus nietos y a tus biznietos.

P. Hasta el momento de su muerte, su hermano Íñigo se encargaba de la conservación del patrimonio familiar. ¿Cómo encajaron esta tragedia?

R. Mi hermano era un 10. Y pasar de un 10 a un cero en 24 horas… Como es lógico, ha dejado un gran vacío en la familia. Dicen que Dios suele llevarse a los mejores. Pero olvidémoslo, esto está demasiado reciente.

P. ¿Le ronda ya una nueva novela en su cabeza?

R. Quizá salte al Renacimiento o me centre en una espía en la II Guerra Mundial que pudo provocar un altercado muy grande en Cádiz, por papeles que estoy encontrando. ¡Nada que ver con la familia!

Eventos, aceite y watios

Protagonista. Fotografía de Borja de Arteaga a los 20 años, junto a algunas de sus pertenencias.

Del patrimonio y explotaciones de los Infantado, el Castillo de la Monclova es la residencia más vivida. Los jardines y una antigua almazara con capacidad para más de 300 personas se alquilan para eventos.

La finca alberga también una nueva almazara. Su aceite se comercializa en tres variedades (frantoio, arbequino y Koroneiki) como Conde de la Monclova y Castillo la Monclova. En un terreno próximo se alza una de las mayores plantas termosolares del mundo. www.castillodelamonclova.com

Un drama de guerra

Ambientada en la II República y la Guerra Civil, Arteaga novela en La estela de un recuerdo la historia de su familia. Extractamos un capítulo.

A lo lejos, la tierra saltaba en mil pedazos y yo no podía dejar de imaginar a Borja caminando a ciegas entre esa tenebrosa nube de polvo, sangre y humo. Ya de día, los aviones habían comenzado a bombardear, y recordé sin querer cómo Borja en alguna ocasión nos había descrito los diferentes capítulos de un ataque en toda regla. Uno a uno se iban cumpliendo. Después de los tres cuartos de hora que duró el tronar de la artillería, hubo un sepulcral silencio. Gritos de un lado y otro de la trinchera e inmediatamente después el traqueteo de las ráfagas de las ametralladoras que, posicionadas en la cúspide de Peña Lemona, no dejaban un centímetro sin cubrir. Miles de tiros que, como un chirimiri de balas, nadie podría esquivar. Alzando la vista a la peña, ya solo pude rezar y esperar a la orden de alto el fuego.

Cuando se ordenó, corrí hacia el lugar donde los camilleros iban depositando los cadáveres de los caídos para identificarlos. Aquella maldita huerta de un caserío de Amorebieta habilitada como puesto de socorro más parecía un insepulto cementerio.

La tenaza que sentí entre los pulmones y el estómago según iba enfrentándome a sus miradas inertes a punto estaba de ahogarme cuando, bajo la sombra de un árbol, reconocí el capote que mamá le había regalado a Borja.

Me acerqué muy despacio, con tembloroso pulso y los ojos cerrados, rogando a Dios para que no fuese él. Armándome de valor, finalmente tiré del paño para, inmediatamente, romper a llorar. Allí estaba, con los ojos aún abiertos. Le besé en la frente y se los cerré.

Viéndole así, dormido, procuré buscar una brizna de consuelo en su serenidad. Rezumaba paz por los cuatro costados. Quise adivinar esa medio sonrisa tan suya que parecía reflejarse en la comisura de sus labios. Sería porque Dios, agradecido por su entrega a él y a España, ya lo acogía en su seno. No pude más que dedicarle la que fue mi última reprimenda:

—Tozudo. Mira que te lo dijo mamá… Tanto buscaste a la muerte que al final fue ella la que te encontró.

Me santigüé, pedí a uno de los soldados que por allí andaban que me dejase un lápiz y escribí su identificación en la sencilla caja de pino lavado que me trajeron: “Borja de Arteaga. Alférezdel Batallón de Montaña de Arapiles nº 7, 4ª Compañía, 2ª Sección. Llevar al Hospital del Generalísimo en San Sebastián”.

Más información. La estela de un recuerdo, de Almudena de Arteaga, está publicado por Planeta (350 págs. 20 euros). www.almudenaarteaga.com

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