Tres días en Israel: qué ver en Jerusalén y Tel Aviv

Imagen de Jerusalén, capital de Israel con 850.000 habitantes, es una ciudad hermética y espiritual.
Imagen de Jerusalén, capital de Israel con 850.000 habitantes, es una ciudad hermética y espiritual.

Recorremos las principales ciudades de Israel: Jerusalén, hermética y espiritual, y Tel Aviv, cosmopolita y liberal. Dos caras de una tierra cargada de promesas y contrastes.

Jerusalén y Tel Aviv, las dos principales ciudades de Israel, están separadas por 60 kilómetros de distancia. Apenas una hora en coche. Sin embargo, las diferencias entre ambas son profundas y elocuentes. Como si fueran dos hermanas educadas bajo una moral distinta y tuvieran mentalidades casi opuestas. Conquistada y reconquistada cincuenta veces a lo largo de sus 3.000 años de historia, Jerusalén(la capital, con 850.000 habitantes) es hermética y espiritual. Un faro religioso que atrae a devotos de medio mundo. Tras las murallas de su Ciudad Vieja, con mercados que huelen a incienso y a especias, conviven en tenso equilibrio judíos, musulmanes, cristianos y armenios. Frente a la “Ciudad Sagrada”, Tel Aviv (430.000 habitantes), fundada oficialmente en 1909, se muestra desenfadada, cosmopolita y liberal. Bañada por el Mediterráneo, cuyas aguas rompen en el milenario puerto de Jaffa, en sus playas hay sitio para judíos ultraortodoxos, familias numerosas y gays. Conocida por su arquitectura Bauhaus de los años 30, el lema de esta ciudad que nunca duerme es “vive y deja vivir”. La vida bulle en sus restaurantes, discotecas y centros comerciales. Es un vivero de start ups. Tan cerca y a la vez tan lejos, merece la pena observar las dos caras de la misma moneda para descubrir los contrastes de Israel, un pequeño país cargado de promesas.

Día 1. Jerusalén

Hotel Mamilla, fruto de la colaboración entre el arquitecto israelí Moshe Safide y el interiorista italiano Piero Lissoni.

18: 00 Check-in en el lujoso hotel Mamilla.

Durante el trayecto que va del aeropuerto de Tel Aviv a Jerusalén reparamos en elmuro de hormigón, de hasta siete metros de altura, que separa Israel de Cisjordania. Construido por el Gobierno israelí con la excusa de impedir ataques del lado palestino, los damnificados lo llaman el “Muro del Aparheid“. Cuando le pedimos opinión al guía, un argentino judío que sintió la llamada de la Tierra Prometida, contesta a la defensiva: “¿Acaso el Gobierno español no ha construido la Valla de Melilla?”. La discusión sobre el conflicto palestino-israelí termina cuando llegamos al Mamilla, el hotel más lujoso de Jerusalén. Este cinco estrellas de diseño contemporáneo es fruto de la colaboración entre el arquitecto israelí Moshe Safide y el interiorista italiano Piero Lissoni; estratégicamente situado junto a la puerta de Jaffa, en la frontera entre la ciudad vieja y la nueva, dispone de 162 habitaciones y 22 suites. La mezcla de tradición y modernidad se aprecia nada más pisar el lobby,que deja a la vista un antiguo muro de piedra caliza dolomita, típica de la zona.

19: 00 Paseo por el barrio más chic.

La Torre de David, en Jerusalén, uno de los sitios con más interés histórico

Tras conocer las modernas instalaciones del Mamilla -el spa holístico, el gimnasio, el restaurante con cocina kosher e internacional, el bar Mirrow- subimos a la terraza para contemplar las inmejorables vistas a la Ciudad Vieja, la Torre de David y la Puerta de Jaffa, entre otros lugares de interés histórico. A espaldas del hotel se sitúa el lujoso Centro Comercial Mamilla. Sus tiendas de moda internacional se concentran a lo largo de Alrov Mamilla, una amplia e impoluta avenida pavimentada con piedra caliza y decorada con esculturas de artistas locales. En árabe, la palabra “Mamilla” significa “Van con Dios”; no en balde esta especie de “Quinta Avenida” era el antiguo camino del cementerio. Al final del paseo nos encontramos con una sorprendente escena: decenas de personas sudando la gota gorda en una atronadora clase de spinning bajo la luz de la Luna, con la muralla iluminada al fondo.

20:00 Cena “bíblica” en The Eucalyptus.

Tras la caminata nos dirigimos al restaurante The Eucalyptus , en el Barrio de los Artistas, para probar la sabrosa y saludable cocina autóctona. Las hierbas aromáticas decoran la entrada y sirven para condimentar los platos kosher de este acogedor local familiar. El cerdo y el marisco están proscritos, así como la mezcla de carne y lácteos. El menú degustación incluye desde la deliciosa coliflor asada hasta el cordero cocinado a fuego lento en plato de arcilla, pasando por “Rey Salomón”, un cuscús vegano. “Hacemos una interpretación de la cocina bíblica”, explica el extrovertido chef Moshe Basson, que invita a los comensales a destapar una gran cazuela de Maklubah, plato estrella elaborado con arroz, pollo, azafrán y yogurt de almendras. Otras opciones son los restaurantes Machneyuda (en Lamahane Market), de estilo mediterráneo, y BeerBazaar (en Machane Yehuda Market), especializado en cervezas locales. Para alargar la noche podemos regresar al hotel Mamilla para tomar un cóctel en el bar Mirror, el más exclusivo de la ciudad, o bailar hasta las tantas en el Toy Bar (6 Du Nawas Street).

Día 2 Jerusalén

Explanada de las mezquitas

9h La disputada Explanada de las Mezquitas.

Entrando por la Puerta de Jaffa (una de las ocho de la ciudad) nos adentramos cuesta abajo en los cuatro barrios de la Ciudad Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. De visita obligada es la Explanada de las Mezquitas, una de las parcelas más sagradas y disputadas del mundo. Esta plaza elevada y cuajada de cipreses alberga los dos edificios más venerados por el islam: la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa. Asimismo, tiene un enorme valor espiritual para los judíos, pues aquí se levantó el Primer Templo, santuario primigenio del pueblo de Israel, construido por el rey Salomón en el 960 a.C. Cuando el Segundo Tempo fue destruido en el 70 d.C, los judíos empezaron a rezar junto a los restos del templo original, el famoso Muro de las Lamentaciones, una enorme sinagoga al aire libre con acceso para todos los credos. El descomunal muro está dividido en dos partes: la de hombres, situada al norte, y la de mujeres, al sur. Los cánticos de los judíos ultraortodoxos, vestidos de negro y con la Torá (ley hebrea) en las manos, resuenan como un mantra.

11 h Vía Dolorosa y Santo Sepulcro.

Entre las rendijas del muro, los fieles introducen sus peticiones envueltas en pequeños rollos de papel. Tras introducir la nuestra nos encaminamos al barrio cristiano para recorrer a pie la Vía Dolorosa. El tradicional Vía Crucis que recorrió Jesucristo, con sus XV estaciones, está siempre a rebosar de turistas y peregrinos. Por el camino podemos comprar desde crucifijos a coronas de espinas antes de llegar a nuestro destino: el Santo Sepulcro, la iglesia más emblemática de la cristiandad. En este lugar, que acoge las cinco últimas estaciones, Jesús fue crucificado, expiró y resucitó. Recorrer estos santos lugares es como caminar sobre la Biblia.

14:00 h Comida pastoril en Ein Kerem.

 

Almorzamos en Ein Kerem, una pintoresca aldea a las afueras de Jerusalén habitada por 25 familias de Yemen. En su patio con vistas a la montañas, Efrat Giat, mujer de origen yemenita de unos 40 años, nos cuenta cómo dejó su vida de guía turística tras conocer a su actual marido, un pastor de cabras con el que tiene cinco hijos. “Mis suegros se trasladaron al Valle Yemenita y a Ein Kerem en 1949, en plena Guerra de la Independencia de Israel”, explica mientras nos sirve queso fresco y pan recién hecho. Junto a otras 60 mujeres, Efrat forma parte del proyecto rural “Mujeres y fábulas” que les permite montar un pequeño negocio turístico mostrando su cultura y su vida cotidiana.

18:00 h. Musical judío en la antigua estación de tren.

La primera estación de ferrocarril de Jerusalén, Harishona, en funcionamiento desde 1892 hasta 1998, fue rehabilitada tras su cierre y hoy es un dinámico espacio cultural y de ocio conocido como The First Train Station. Una exposición fotográfica explica la historia del lugar, que conserva las vías del tren y alberga cafés, restaurantes y puestos de artesanía. En la sala de conciertos al aire libre asistimos al musical Kabbalat Shabbat, un innovador servicio de oración que atrae a los judíos menos rigoristas. Al finalizar cenamos en el restaurante Adom, especializado en marisco.

Mercado de la Ciudad Vieja

19:00 h Paseo nocturno por Machane Yehuda.

Al caer la noche visitamos el bullicioso mercado de Machane Yehuda, que data de la época otomana y es uno de los iconos de la capital. Judíos ortodoxos, musulmanes y turistas se cruzan en sus calles empedradas repletas de puestos de ropa, pescados frescos y zumos naturales. Huele a pan de pita, a halva (dulce típico israelí), a hummus y a falafel. Muchas callejuelas toman el nombre de los productos que en ellas se venden: HaAfarsek es la “calle del Melocotón”, Ha’Egoz, la calle de la Nuez… Todas ellas están a rebosar en vísperas del Sabbat, el día de descanso para los judíos. Nuestra visita coincide con el último viernes del ramadán árabe, en el que miles de musulmanes acuden a rezar a la mezquita de Al Aqsa. A la salida, una riada de fieles nos envuelve hasta desembocar en la monumental Puerta de Damasco, construida en 1542 por el imperio otomano, y su plaza adyacente en forma de anfiteatro.

Día 3 Tel Aviv

10 h Cata de vinos en Sphera Winery.

Sin tiempo a contraer el “Síndrome de Jesusalén” (una enfermedad reconocida médicamente que afecta a los turistas que llegan a la Ciudad Santa siguiendo las huellas de los profetas y acaban creyéndose personajes bíblicos) tomamos rumbo a Tel Aviv. A medio camino paramos en Sphera Winery, una de las cuatro bodegas boutique integradas en The Judean Hills Quarter, cuyo objetivo es recuperar la tradición vinícola de los montes de Judea haciendo vinos artesanos de calidad. Tras la cata de sus cuatro blancos (Chardonnay, First Page, Riesling y Chardonnay Sauvingnon), de fondo especiado y mineral, llegamos a la “Miami Beach del Mediterráneo”.

12h Bañistas y runners en el Promenade.

En contraste con la espiritualidad de Jerusalén, la sensualidad mediterránea de Tel Aviv (“colina de la primavera” en hebreo) se advierte a cada paso, empezando por su famoso Promenade o paseo marítimo (hay 14 km de costa). El animado Tel Baruch Promenade, entre la playa del norte y el río Yarkon, corre paralelo a un carril bici y exuda juventud y hedonismo. Lo recorreremos al caer la tarde, pero antes toca acomodarse en el Hotel Melody, un agradable y céntrico cuatro estrellas con 55 habitaciones y excelentes vistas al skyline de la ciudad. Su mayor baza es que está a cinco minutos andando de la playa. En el paseo marítimo se mezclan ultraortodoxos, gays cogidos de la mano, esculturales surfistas y hasta madres de gemelos empujando a todo trote el carrito de sus bebés.

Puerto de Jaffa, en Tel Aviv

13.00 h Arquitectura Bauhaus en la “Ciudad Blanca”.

En 1906, 60 familias se reunieron en la ciudad antigua de Jaffa para crear una nueva urbe judía. Adquirieron unas 12 hectáreas en una zona de dunas, la dividieron en 60 parcelas y en 1909 organizaron un sorteo utilizando conchas marinas. Así nació Tel Aviv (“Colina de Primavera” en hebreo), hoy poblada de rascacielos. Entrando por la céntrica avenida Rothschild accedemos a la Ciudad Blanca, un conjunto de edificios de los años 30 de estilo Bauhaus que en 2003 fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Tel Aviv cuenta con unas 4.000 edificaciones de este estilo arquitectónico caracterizado por las líneas horizontales, la falta de ornamentación y el color blanco de sus fachadas. Muchos de ellos están siendo restaurados por el Ayuntamiento. Tras el paseo paramos a tomar un café frappé en el Espresso Bar Kiosk, (Rothschild esquina con Herzl), el primer quiosco de la ciudad, y echamos un vistazo al lujoso hotel boutique The Norman, que destaca por su decoración años 20 y su piscina infinita en la azotea.

13: 00 La antigua Jaffa, de moda.

Desde 1949, Tel Aviv y Jaffa forman parte del mismo municipio. El antiguo puerto de Jaffa, citado en la Biblia, está 30 minutos a pie del centro de la ciudad. Desde la terraza del restaurante Aladin, asentado sobre una colina contemplamos las mejores vistas de la bahía y el icónico faro. A continuación, nos perdemos por las callejuelas árabes de la ciudad vieja. Artesanos relojeros de prestigio internacional como Itay Noy, joyerías como Adina Plastelina o desenfadados ilustradores como Julien Roux se asientan en este barrio de moda. Si hace años el paseo marítimo tenía fama de peligroso, ahora es un atractivo malecón en el que conviven mezquitas otomanas y casas de pescadores. Está lleno de restaurantes cool comoThe Container, que cuenta sala de conciertos en vivo y sirve buen “Shakshuka” (huevos escalfados con salsa de tomate) o el cercano Fish and chips. Pero si quiere probar el mejor hummus de la ciudad, no lo dude: haga cola en el popular Ali Karavan, en el número 1 de Dolphin Street.

17:00 Los mercados de Carmel y Sarona.

Mercado de Sarona, muy parecido a los occidentales.

Tel Aviv cuenta con dos mercados bien diferenciados. Sin duda el más popular esCarmel Market, próximo al bohemio barrio de Neve Tzedek. En esta especie de Rastro madrileño abundan los puestos de street food, de artesanía, de ropa rebajada, de encurtidos, de zumo natural… Uno no sabe si atender al reclamo de Dr. Halva (dulces árabes), Amrani Nuts (especias y nueces) o Assaf’s Gallery (galería de arte con lienzos originales). Menos tumultuoso y más occidentalizado es Sarona Market, más parecido al Mercado de San Miguel madrileño. Situado en la antigua colonia de alemanes, a la sombra de los tres rascacielos Azriel, alberga casi un centenar de puestos gourmet. ”

20.00: Tel Aviv, paraíso gastronómico.

“Hace diez años, en Tel Aviv solo había hummus y falafel, pero muchos cocineros israelíes han viajado por el mundo y han regresado a su tierra prometida para aportar todas sus influencias”, comenta el joven chef On Mishan mientras nos ofrece una clase de coctelería en su ático con vistas a Old North. Riquísimo y refrescante su Tiki Nofo, con mango, naranja, ron… y toque de chile mexicano. Su negocio se llama Urbano Food Lab y es el único que ofrece cenas privadas. En Tel Aviv ondea la bandera con la estrella de David, pero aún no hay estrellas Michelin. No obstante, es un paraíso gastronómico para todos los gustos y bolsillos. Desde el animado bistró de ambiente neoyorkino Social Club al informal y creativo North Abraxass pasando por el sofisticado Aria, donde el chef Guy Gamzu propone una cocina fusión que viaja por Siria, Egipto, Italia y España.

Ático Speak Easy, el perfecto lugar para tomar un buen cóctel.

12: 00 Agitada vida nocturna.

Por supuesto, en la ciudad que nunca duerme no podían faltar los bares y las terrazas de moda. Una buena opción es escuchar un concierto en Kuli Alma, un local laberíntico donde la música se mezcla con el arte callejero y la pizza con un buen mojito. Si se prefiere algo más pijo y menos malasañero, el ático del Speak Easy es perfecto para tomar un buen cóctel rodeado de gente guapa. Con un gin tonic en la mano brindamos por Israel. Lehitraot! (¡Hasta pronto!).

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