Teddy Bautista

Teddy Bautista

Cobro unos 4.000 euros al año por derechos de autor»


Han pasado más de 30 años desde que el actual presidente ejecutivo de la Sociedad General de Autores se metiera en la piel de Judas en Jesucristo Superstar. Compositor, actor, productor, rock star y cineasta frustrado, a sus 65 años está en el punto de mira por su vigilancia extrema contra la piratería. Mientras sigue en pie de guerra en defensa del cobro del canon digital, pasa su tiempo libre escribiendo sus memorias, que él mismo define como «un ajuste de cuentas».

Por Juan Carlos Rodríguez; Fotografías de Chema Conesa.
Una crítica sobre el último concierto de Oasis en Madrid reseñaba que, entre el público, se encontraba un tal Teddy Bautista, «muy marchoso». Y que, al advertir su presencia, alguien comentó por lo bajini: «Hoy Oasis no se libra de pagar a Autores». La anécdota ilustra la imagen de implacable recaudador del presidente ejecutivo de la Sociedad General de Autores de España (SGAE), entidad con más de 110 años de historia –94.000 socios y 473 empleados– dedicada al cobro y reparto de los derechos de autor. Ex líder del grupo de rock Los Canarios, Eduardo Teddy Bautista (Palma de Gran Canaria, 1943) ha compuesto música para unas 40 películas, la partitura original de una treintena de obras teatrales y los arreglos de numerosas comedias musicales. Tras haber producido o compuesto para artistas como Camilo Sesto, Leño o Ana Belén, en 1977 entró en la SGAE como vicepresidente, y desde 1996 ejerce con mano firme la presidencia.

Abanderado del derecho a la Propiedad Intelectual, sus últimos años de reinado en el Palacio de Longoria, sede de la entidad, se han caracterizado por la voracidad recaudatoria y por el cobro del canon digital (o compensación al autor por copia privada), un impuesto que grava los dispositivos digitales y que ha sido tachado de abusivo. No obstante, él considera que los 333 millones recaudados en 2008 (44 menos que en 2007) son una minucia en comparación con los países de la UE.

En lugar de recibirnos en su palacete, nos cita en el Centro de Arte y Tecnologías Aplicadas. Situado en el madrileño barrio de Argüelles y construido con fondos de Fundación Autor, sucursal de la SGAE, es una especie de escuela de alto rendimiento para creadores. A sus 65 años, Teddy –que preside también la Academia de la Música– tiene el gesto adusto y la espigada figura de los pistoleros curtidos, sólo que en su cartuchera lleva un iPod con 2.760 canciones. «Nunca me he bajado música gratis de Internet», jura con sonrisa de viejo zorro. Por momentos, la entrevista deriva en duelo, y uno sólo teme que no le acribillen con datos. Tras dos horas de fuego cruzado, el sheriff antipiratería confiesa que está escribiendo sus memorias. Va por 1975, cuando hizo de Judas en el musical Jesucristo Superstar…

P. ¿Asistió al concierto de Oasis para que no se diga que, a sus 65 años, el presidente de la SGAE es un muermo?
R. No sabía que me seguían la pista, ja, ja. La verdad es que fui como acompañante de mi segunda hija, que es una fan del grupo. Pero disfruté como un enano, porque había visto a Oasis hacía unos años y su vuelta me pareció mucho más rockera. Me sorprendió lo que ha mejorado el guitarrista, Liam Gallagher.

P. Alguien susurró al verle: «Hoy Oasis no se libra de pagar a Autores».
R. Ese comentario es una boutade. Oasis no se libra de pagar a Autores nunca, entre otras cosas porque la recaudación revierte en ellos. Sólo faltaba que, para que Oasis pagara, tuviera que ir yo al concierto…

P. ¿Le molesta esa fama de recaudador?
R. Mire usted: la SGAE es una sociedad que lleva 110 años aguantando carros y carretas. Cuando nació, los autores tuvieron que reunir 300.000 pesetas de la época para comprar sus obras, en manos de los empresarios. Ése fue su origen.

P. ¿El nuevo Hombre del saco ahora se llama Hombre del canon y responde al nombre de Teddy Bautista?
R. (Se ríe) Al final se ha demostrado que el llamado «canon digital» [o compensación por copia privada] son cuatro duros. Los productos que llevan canon son los que más han bajado de precio en 2008. Han descendido los precios de los MP3, los precios de los soportes, los precios de los aparatos de grabación…

P. Su afirmación tiene trampa: cualquier dispositivo digital se queda viejo en dos años y baja automáticamente de precio, mientras que el canon se mantiene.
R. Pero las asociaciones de internautas se equivocaron cuando dijeron que el canon encarecería el precio de esos productos. La AETIC [Asociación Empresas de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de España] decía que la aplicación del canon supondría un coste añadido al consumidor de 2.000 millones de euros, cuando la orden ministerial ha fijado el encarecimiento en sólo 118 millones. Mintieron, y todavía no se han arrepentido.

P. Inspectores con cámara oculta en salones de bodas; denuncias a empresas de autobuses escolares por pinchar música; intento (frustrado) de incrementar la tarifa a las comisiones falleras… ¿No pecan de excesivo celo tributario?
R. En absoluto; esas inspecciones las hacemos desde hace mucho tiempo. Contamos con un equipo de 180 agentes que se personan en aquellos sitios donde el empresario no paga la tarifa correspondiente. Si en un autobús o un salón de bodas ponen música es porque quieren entretener a la gente. No están obligados a ello, pero si la ponen tienen que pagarla, igual que pagan la electricidad. La música dulcifica y ayuda a la socialización.

P. Por esa voracidad recaudatoria le han llegado a comparar con Vespasiano, un emperador romano que impuso una tasa por el uso de las letrinas y baños públicos.
R. Sí, pero Vespasiano descentralizó todo el sistema administrativo del Imperio Romano. Eso no lo dice el periodista.

P. Me parece perfecto que apunte ese matiz… ¿Considera que, tal y como Vespasiano respondió a su escrupuloso hijo, «el dinero no huele»?
R. No sé si el dinero huele o no. Hoy el dinero son anotaciones bancarias, y las tarjetas de crédito huelen a plástico. Pero la cuestión principal es: ¿Tienen derecho los creadores a percibir una cantidad razonable por la explotación de sus obras?

P. Casi nadie discute ese derecho a la propiedad intelectual.
R. No, no, no. Perdón: eso es lo que discute todo el mundo. Lo que pasa es que está mal discutirlo, pero en el fondo se cuestiona eso: «¿Por qué tal autor tiene que ganar tanto dinero? Si me gusta mucho, le doy mucho, y si no, pues le doy poco». Me parece muy cómodo y un poco simplista plantear el rol de la SGAE como una entidad obsesionada con la recaudación.

P. Pese a las pérdidas por la piratería musical, en 2007 la recaudación fue de 377 millones de euros. No está mal.
R. En 2008 la cifra bajó a 333 millones, sobre todo por la tremenda caída del mercado discográfico. Sin embargo, en 2008 se repartieron 365 millones de euros, 32 millones más que en 2007, pues se pagaron atrasos de años anteriores.

P. ¿Cómo se reparte ese dinero?
R. El 85% va al autor y con el 15% restante la SGAE tiene que sostener su maquinaria.

P. Se ha acusado a la SGAE de favoritismo a la hora de repartir la recaudación…
R. Es una acusación infundada. Hay un sistema robotizado, sin mediación humana, que asigna el dinero correspondiente a cada autor en función de la explotación de sus obras en radio, discotecas, conciertos… Hacemos auditorías exhaustivas y mandamos todos los datos al Ministerio de Cultura. Cada uno de nuestros 93.000 autores tiene derecho a pedir la información relativa a su liquidación.

P. Júreme que nunca se ha bajado gratis una canción de Oasis o de otro grupo.
R. Lo juro. Es una tontería bajarte un fichero de MP3 por ahorrarte 99 céntimos, cuando hay posibilidad de descargarte la canción a través de iTunes [pagando esa cantidad] con muchísima más calidad.

P. Supongo que sus tres hijos se bajarán de Internet lo que les dé la gana, aunque sea a escondidas…
R. Por supuesto. Yo no me atrevería a jurar que no lo han hecho, aunque en su momento me pidieron que les diera de alta en iTunes, por una razón: han desarrollado cierto sentido de calidad y exigencia.

P. ¿La música es lo que más le une a ellos?
R. Sí, tal vez porque fui un padre tardío [a los 40 años] comparto con ellos esta afición. La mayor tiene 25 años, estudió Interpretación con Cristina Rota, y Danza con Víctor Ullate; tiene un oído excepcional y canta muy bien. Laura es una fan de Coldplay y de Oasis, mientras Eduardo prefiere el rock nacional duro.

P. ¿Y conocen Get On Your Knees, el hit sesentero de Los Canarios?
R. Sí, sí, en sus iPods llevan varias canciones nuestras.

P. ¿Siente nostalgia de su época de rock star?
R. Me hubiera gustado seguir en la música. Di esa etapa por agotada cuando tenía 50 años, y quise probar con algo que me interesaba muchísimo: la gestión cultural. Durante mucho tiempo, observé que la cultura se gestionaba con amateurismo y entendí que había que profesionalizar eso.

P. ¿Le afectaba personalmente? ¿Se sentía maltratado como autor?
R. No, no, no. Yo tuve mucha suerte. Si lo comparamos con los parámetros actuales, en mi época gané mucho dinero con los derechos de autor. Además de las actuaciones en directo, trabajé en varios frentes –compositor, productor, arreglista– y tuve la suerte de trabajar para gente de muchísimo talento como Ana Belén, Luis Eduardo Aute, Leño, Miguel Ríos…

P. ¿Desde cuándo no sube a un escenario?
R. Desde el 92, creo, tras un homenaje que hice a Lone Star.

P. ¿Sigue cobrando derechos de autor?
R. Sí, unos 4.000 euros al año. Mis ingresos se deben a un disco de rock progresivo llamado Ciclos, que sigue siendo una obra de culto en Japón o Corea –allí son muy serios y compran el disco original–, y a la canción Get On Your Knees (ponte de rodillas) y a Peppermint Frappé, tema incluido en la película de Saura del mismo título.

P. «Mi música es fundamentalmente una mierda»: ¿fue un arrebato de honestidad?
R. No me refería a toda mi música, sino a la banda sonora de la película Chorizos.

P. ¿Cuál de sus facetas artísticas le ha llenado más?
R. Yo siempre he intentando movilizar a través de las distintas expresiones culturales. Nací siendo un agitador cultural.

P. ¿Y eso? ¿Se lo inculcaron en casa?
R. Mi madre tocaba el piano y, por contagio, yo también lo estudié, aunque su ilusión era que fuera director de orquesta. A los 15 empecé a tocar en mi propio grupo, Los diablos del rock. Luego, por consejo de mi padre, comencé Derecho, pero en cuanto pude me escapé y me fui con mi nuevo grupo, Los Canarios, a Estados Unidos. También me llenaba el teatro, desde niño, y el lenguaje del cine me fascinaba. Seguramente, de no haber sido músico, hubiese sido cineasta.

P. O sea, que es un director de cine y de orquesta frustrado…
R. Como director de orquesta no tanto; he dirigido varias veces, pero no como mi madre quería: con la batuta y vestido de frac.

P. En la SGAE lleva la batuta con mano firme. ¿Le ha faltado mano izquierda o acaso le ha sobrado prepotencia?
R. Todo lo contrario. Nunca me habrán oído ni una sola declaración prepotente.

P. Ahí va una: «Cualquier pendejo electrónico está construyendo la nueva democracia digital». ¿Lo mantiene?
R. Quería decir que cualquiera que tenga un módem y un ordenador parece que está construyendo la democracia digital. En el mundo hay gente seria y responsable y otros que son unos… pendejos, como decimos en Canarias. No es Internet lo que permite fabricar la nueva sociedad, sino el uso inteligente de Internet, y es importante enseñar a utilizar esa herramienta.

P. Perdone, ¿es usted el «ministro no oficial de Cultura»? Así lo cree Enrique Dans, profesor de Sistemas de Información en el Instituto de Empresa y gurú de Internet, quien además considera a César Antonio Molina «el ministro de la SGAE»…
R. Bueno, este señor es un imbécil o un inane, o cualquiera de las dos cosas. Llamarme a mí «ministro de Cultura» es una estupidez, y llamar a César Antonio Molina «ministro de la SGAE» es un insulto.

P. Interpreto que Dans recoge una percepción que hay en la sociedad…
R. ¡Será su percepción! Y si es su percepción está desorientando a la gente.

P. Decía que el profesor alude a la cercanía de la SGAE con el poder.
R. Noooo. Eso es un lugar común completamente equivocado.

P. ¿Nunca le ha cantado al ministro de Cultura Ponte de rodillas?
R. No, en absoluto. Yo a los ministros de Cultura siempre les he tenido un gran respeto. El sentido de aquella expresión [Get On Your Knees, título original en inglés] no era la de ponerse de rodillas, sino la de postración, en actitud orante.

P. Tiene 65 años y lleva 32 vinculado a la SGAE, los últimos 14 como presidente ejecutivo: ¿piensa en la retirada?
R. Todos los días; en la SGAE no hay nadie indispensable. Creo que hay gente que lo puede hacer mejor que yo, lo que pasa es que a mí me divierte. Yo soy como Alierta [presidente de Telefónica]: cada vez que se reúne la junta directiva, y lo hace cuatro veces al año, me puede mandar a mi casa. Si esto ocurriera, encontraría cosas muy divertidas que hacer.

P. ¿Por ejemplo?
R. Me gusta pasear por el campo, ordenar mis discos y libros… Buena parte de mi tiempo libre lo empleo en ordenar notas cronológicamente y ahora estoy escribiendo mis memorias. Bueno, no sé si son memorias o un ajuste de cuentas, ja, ja.

P. Seguro que su retrato saldrá mejorado…
R. Tampoco voy a tirar piedras sobre mi tejado, ¿no? Supongo que saldrá una imagen poliédrica de un trabajador creativo. Yo trabajo unas 55 horas a la semana…

P. ¿En qué punto del relato está?
R. Llevo un tercio, más o menos. Me he quedado en Jesucristo Superstar (1975), donde hice el papel de Judas.

P. ¿Ha llegado a traicionar a alguien por un puñado de monedas de plata?
R. No, soy un hombre de principios.

Los internautas contra el capitán clonadoBajo el epígrafe ‘Los niños buenos de la SGAE’, un vídeo de YouTube muestra una obra de teatro en la que un grupo de escolares asturianos alecciona sobre la propiedad intelectual. “¿Tú has inventado algo? ¿Un libro, un videojuego, una canción? Pues te lo robo, ja, ja, ja”, dice un crío que interpreta al Capitán Clonado. “Lo que haces se llama piratería. Es un acto que consiste en reproducir una obra sin la autorización del autor”, responde una niña. El vídeo ha escandalizado a muchos internautas, que acusan a la Sociedad de Autores de “lavar el cerebro” a los chavales. Según estos críticos, la SGAE invierte un porcentaje de su recaudación en “programas de adoctrinamiento” dirigidos a las escuelas, del que formaría parte esta obra de teatro. En referencia a este proyecto piloto de Educación en Derechos de Propiedad Intelectual, que se desarrolla en Asturias, Teddy Bautista defiende que “son acciones didácticas culturales”.

 

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