José María Cano (Mecano)

José María Cano (Mecano)

El refugio de un músico convertido en pintor

Compuso muchos de los éxitos de Mecano –10 millones de discos vendidos– y ahora pinta cuadros que valen 60.000 euros. Tras una ópera y una separación que casi le arruinan, ha decorado las paredes de su casa londinense con los rostros del capitalismo, los papeles de su divorcio y los dibujos de su hijo Dani, «un niño mágico» que llevó a la disolución del grupo. Magazine visita el refugio de la antigua estrella del pop, a quien el Senado ha encargado un retrato de Clara Campoamor.

por Juan Carlos Rodríguez Fotografías de Chema Conesa

 

Decir que José María Cano (Madrid, 1959) vive en una casa de cuento sería quedarse corto: Peter Pan habitó en ella. Y no es una metáfora. El señorial edificio situado en el exclusivo barrio londinense de Holland Park –cinco plantas, fachada holandesa de ladrillo rojo, amplios ventanales con vistas a un precioso parque vecinal– es el mismo escenario donde el escritor escocés James Matthews Barrie situó las aventuras de los hermanos Darling (John, Michael y Wendy). Fue aquí, en los aledaños del número 18 de esta apacible plaza donde, hace más de un siglo, surgió la fábula sobre el niño que se resistía a crecer.

Autor de canciones tan emblemáticas del pop español como Hijo de la Luna, Cruz de navajas o Mujer contra mujer, el ex componente de Mecano se mudó a Londres hace 13 años. Tras la última gira del grupo, en 1992, cada componente de la formación emprendió distintos proyectos en solitario. Él se obsesionó con un reto de locos: escribir una ópera.

Su locura se llamó Luna. En 1993, compró el inmueble del número 18 al ex mánager del grupo musical Duran Duran, que por entonces estaba atravesando dificultades económicas. Una ganga millonaria. José María apenas tenía 30 años y ya era notablemente rico. Espaciosa, luminosa y tranquila, era la casa ideal para empezar una nueva vida. Para estar como en familia se trajo consigo la mejor compañía: Miró, Barceló, Saura, Torres García… Toda la colección de cuadros que fue atesorando desde los años 80 gracias al éxito de Mecano (10 millones de discos vendidos en 10 años) y a los derechos de autor (en los 90 compuso canciones para Montserrat Caballé, Françoise Hardy, Julio Iglesias o Ana Belén, a quien regaló esa joya llamada Lía). Pero el proyecto de la ópera se fue dilatando en el tiempo más de lo necesario. Cinco años después llevaba invertidos más de 100 millones de pesetas, tenía su casa hipotecada y, al borde de la ruina, el 11 de noviembre de 1997 subastó 10 cuadros de su colección en Sotheby’s. «No fueron los mejores, como se dijo, sino más bien los que habían dejado de gustarme», precisa ahora.

–¿Qué fue del bacon que veía nada más levantarse?

–El bacon sigue ahí. No lo llegué a vender…

Ante la posibilidad de que Luna se representara en el Teatro Real de Madrid, algunos popes del bel canto pusieron el grito en el cielo: aquella tragedia gitana no era digna de tal escenario, clamaban. Finalmente, el estreno tuvo lugar en 1998, en el Palau de la Música de Valencia. Y con la participación de su gran valedor, Plácido Domingo. En su empeño por «recuperar la tradición musical de Granados, Albéniz y Falla, interrumpida por las vanguardias», perdió pelo, dinero y amigos. Por el contrario, ganó en humildad y madurez. A Peter Pan Cano no le quedó más remedio que crecer…

El 2 de marzo de 1998 –«prefiero no recordar esta fecha»– se casó por lo civil con una azafata de Iberia, la madre de su único hijo, Dani, que en la actualidad tiene 10 años y tiene el síndrome de Asperger, una especie de autismo. Y ahora tengo un novio… Así se tituló la canción que dedicó al pequeño en su primer –y hasta el momento, único– álbum en solitario, José Cano (2000); un «desnudo emocional» que apenas vendió 20.000 copias. Desde entonces, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Una foto publicada a mediados del pasado octubre en varios medios le devolvía a la actualidad. En ella aparecía flanqueado por el actual ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, y su antecesor en el cargo, José María Michavila. ¿Qué pintaba ahí? Pintaba… y mucho. El componente de Mecano posaba como retratista del ex ministro Michavila, cuadro que desde aquel día cuelga en una galería del Ministerio de Justicia. «Desde hace seis años se dedica a la pintura», precisaba la noticia.

Con la excusa de conocer los nuevos derroteros del artista, a primeros de noviembre nos plantamos en Londres. Con puntualidad inglesa, a primera hora de la mañana tocamos el timbre y sale a recibirnos Adriana, su joven asistente. «Pasad», saluda con su sonrisa de hada la última reencarnación de Campanilla. En el vestíbulo, debajo de un mueble antiguo, dormita una cerda cubierta con plásticos. La gorrina parece muerta. Luego nos enteraremos de que es una valiosa escultura de Paul McCarthy, el artista favorito de Cano.

Oficio honesto. El pintor se presenta en traje de faena –vaqueros, camiseta y deportivas– en la segunda planta de su casa-museo. De las paredes cuelga un fresco de la Virgen de Guadalupe y una pintura figurativa de su amigo Julian Schnabel. «Ayer llegué de Nueva York. Además, esta noche ha venido mi hijo y duerme conmigo. Llevo tres días sin pegar ojo… Me he tomado una pastilla para dormir y para estar lúcido, pero creo que me ha dejado aún más atontado», se excusa mientras, con una pistola de calor, disimula las pinceladas de un retrato titulado Lidia. Realizado en encáustica (técnica que se sirve de la cera como aglutinante), forma parte de una serie inspirada en los anuncios de relax de los periódicos. Lidia es morena, trabaja en un chalé y cobra 200 euros. «Pinto prostitutas porque todos llevamos una dentro, pero también porque ellas son las realmente honestas», explica Cano, un tanto estresado ante su inminente exposición: pasado mañana, 90 cuadros suyos se exhiben en el Urban Museum de Shanghai, en China.

–¿Cómo llegaron a encargarle el retrato de Michavila?

–Me lo encargó él mismo; somos amigos desde hace años [por cierto, una comisión del Senado le acaba de encargar un retrato-mural de la histórica feminista Clara Campoamor]. Aquella misma noche organicé una especie de jam session en mi casa, y además de los músicos Teo Cardalda y Toni Carmona, estuvieron Michavila y López Aguilar. ¡Juan Fernando toca Cruz de navajas mejor que yo!

Cuando le pregunto si podemos hacer una «visita guiada» por su casa, corta en seco: «Esto no es el Hola». Y a continuación, despliega un discurso un tanto metafísico (o quizá sea el efecto del somnífero) sobre el aspecto conceptual de su trabajo: «Ahora el motivo esencial del arte es el dinero. Y nadie, ni artistas ni galeristas, permiten que eso sea visible». Él pone las cartas boca arriba: «¿Que el dinero es tan importante y nos interesa a todos? Pues pintemos a los señores que salen en The Wall Street Journal: Bill Gates, Rupert Murdoch…, las venus afroditas de hoy en día. Esta serie está planteada como un club exclusivo de 100 miembros. Ahora van a Shanghai como si fueran a ver posibilidades de inversión».

Me excuso un momento para ir al baño y allí pego un respingo: Alan Greenspan, ex gobernador de la Reserva Federal de EEUU, me sonríe con picardía desde la pared. La entrevista y la sesión de fotos continúan en la cuarta planta, donde sus cuadros se codean sin ningún pudor junto a otros de Jean Michel Basquiat, Julian Schnabel o Cy Twombly, su pintor preferido. Frente a los flashes se muestra algo tenso (brazos cruzados y frente fruncida), no en vano es su «primera puesta de largo como pintor». Sin embargo, poco a poco se irá relajando, hasta el punto de que nuestra charla se alargará durante cinco horas. «En 2002, circunstancias personales le llevan a dejar la música y se dedica exclusivamente a la pintura sin intención profesional», se lee en la biografía entregada por su asistente. Sospecho que esas circunstancias están relacionadas con las decenas de archivadores apilados detrás del sofá negro donde estamos sentados. En ellos, la inscripción «Divorcio JMC [José María Cano]».

–No sabía que hubiera estado casado…

–Tomé la decisión de casarme para que Dani no fuera hijo de una madre soltera, pero todo lo bueno que hice, a ella le dio armas para pedir el divorcio sin previo aviso y tenerme en el juzgado casi tres años (desde 2002 a 2005). Ahora, gracias a Dios, tengo la custodia compartida y eso me protege de que la madre de mi hijo me siga amargando la vida. Durante el juicio de la custodia pasé por situaciones angustiosísimas.

–¿Qué tipo de situaciones?

–Cuando la estaba interrogando el juez, ella llegó a acusarme de pegarla en más de 10 ocasiones y violarla en varias.

–¿Sin pruebas?

–Antes muerto que ponerle la mano encima a alguien. En la sentencia los jueces ni siquiera reflejaron sus aseveraciones. Dani empezó a decir que quería vivir conmigo, yo solicité la custodia, y a partir de ese momento, en las medidas cautelares y «por la seguridad» de mi hijo –según ella–, su madre hizo que yo sólo pudiera verle en presencia de dos supervisores. Durante varios meses les tuve pegados a mí, aunque, paradójicamente, al final terminaron declarando a mi favor.

–Pensaba que estas cosas sólo sucedían en las teleseries norteamericanas…

–Cualquier padre que solicite la custodia compartida es susceptible de ser acusado de malos tratos, como me ocurrió a mí. Tuve la fortuna de que esto ocurrió en el contexto del divorcio en el que se estaba revisando mi vida minuciosamente, y por ello las acusaciones no resultaron creíbles. La concesión de la custodia compartida no puede depender legalmente de que la relación entre los padres sea buena o mala, como ocurre ahora. De seguir a así, esa consideración es una incitación a las falsas acusaciones de malos tratos.

–¿No recurrió antes a algún mediador familiar?

–En Inglaterra, cuando uno de los cónyuges no tiene ingresos, obligan al otro a pagar ambos abogados desde el primer día. Me vi vapuleado por la abogada más agresiva de Inglaterra [Fiona Shackleton, conocida como «la magnolia de acero» y contratada también por Paul McCartney, Carlos de Inglaterra o Norman Foster], a la que tuve que pagar desde el primer momento, aunque representaba a la parte contraria. Para colmo, no tuve de posibilidad de encontrar una salida negociada. La madre de mi hijo estaba en España, pero vino a Londres para que su divorcio fuera más rentable.

–¿Y a cuánto ascendió el sablazo, si puede saberse?

–Lo que tú puedas imaginar, pero multiplicado por 10.

–¿La pintura como terapia?

–Me aparté de la música porque es multiplicadora de sentimientos, y empecé a pintar las cartas del proceso de divorcio. Me las enviaban para agredirme y amedrentarme, y el hecho de que yo mismo las pintara y las colgara en la pared, de alguna forma invertía ese proceso: el monstruo no era yo, sino quienes las habían escrito. Paralelamente, pinté cuadros sobre la guerra de Irak, un conflicto económico donde sufren los niños.

–¿El exorcismo pictórico se lo sugirió su psiquiatra?

–No, nunca he ido al psicólogo ni al psiquiatra. Salió de mí; he aprendido desde niño a utilizar el arte como mecanismo de expresión.

Segundo hijo de una familia de cuatro hermanos (su padre tenía un negocio textil) José María Cano aprendió a dibujar en las academias madrileñas de Hidalgo de Caviedes y Artaquio. «Tenía 14 años y ya estaba pintando mujeres desnudas». Estudió hasta segundo de Arquitectura en Valencia (Mecano se interpuso en su camino), donde tuvo su primer contacto con la encáustica, la técnica pictórica basada en la cera que hoy predomina en casi toda su obra, «unos 200 cuadros, aproximadamente». Artista autodidacta, considera que «un licenciado en Bellas Artes puede ser un buen crítico o un buen galerista, pero no va para buen artista. A mí me enseñaron a dibujar, pero no me han teorizado».

Su talento empieza a tener repercusión. Ya ha expuesto comercialmente en Miami, México, Los Ángeles y Londres, y pronto lo hará en Milán y Dallas. En enero, declaraba en una entrevista en el Financial Times que «no hay mucha diferencia entre el mundo del arte y el mundo del polo o del golf. Están para que la gente pueda entrar en un club en el que otros no pueden entrar». Acababa de vender uno de sus cuadros (Lote 156) en la subasta de arte contemporáneo de Sotheby’s. El pasado febrero despachó en dos horas todas las obras de su exposición «Masturbation», en la galería londinense Allsopp Contemporary. Y en octubre, una de sus pinturas apareció en la exclusiva evening sale (parte primera) de Sotheby’s, junto a mitos como Wharhol, Lichtenstein o Richter. Su cuadro Black Pussy (perteneciente a su serie de anuncios de relax) alcanzó 59.300 euros, su récord hasta el momento. «Demasiado dinero para mi mercado actual».

Opina el crítico. ¿Es Cano un crack o un bluff? Pedimos una opinión al prestigioso crítico de arte Fernando Castro Flórez, profesor de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, con fama de «moderno y destroyer». Como desconoce la obra del enjuiciado, le paso su página web personal (www.josemariacano.net) donde tiene colgados sus cuadros. Tras exponer sus prejuicios, responde: «Si como músico es de un popismo pijo, en la pintura se revela como un hombre preocupado por el carácter conflictivo del presente, atento a la violencia que los mass media destilan. En cuanto a su iconografía y planteamiento es más interesante que otros pintores consagrados o integrados en el circuito. Has despertado un interés por un ‘artista’ al que tenía por un cantamañanas». (Cuando le leo la crítica en voz alta, Cano se muestra complacido).

–¿Con qué temática se siente más identificado?

–Sin duda alguna, con mis reproducciones de los dibujos de mi hijo.

En palabras de su padre, Dani es «un niño mágico, un hombre sin estropear». Padece el síndrome de Asperger, un trastorno del desarrollo que forma parte del espectro de desórdenes autistas. Su condición le dificulta la interacción social: le cuesta interpretar una sonrisa o descifrar una ironía. Quienes padecen este síndrome, no obstante, tienen un intenso nivel de concentración, por lo que a veces desarrollan un don especial.

«Cuando tenía un año leía el periódico», afirma José María, que además de estar «encantado de ser padre soltero», ha encontrado en el pequeño una fuente inagotable de inspiración. Así, Bubble y Stone (burbuja y piedra), «plásticamente elemental, pero conceptualmente impactante», es una ampliación de uno de los dibujos del crío. –Cualquier padre diría: ¡bah!, eso también lo hace mi niño…

–Mi hijo es muy especial y hace cosas muy especiales. Su manera de percibir la realidad es diferente… ¿A quién se le ocurre pintar 50 dientes de tiburón?

A los fans de Mecano quizá les interese saber que Dani tuvo mucho que ver con la disolución definitiva del grupo. Año 1998: sale al mercado Ana-José-Nacho, un disco recopilatorio con siete canciones nuevas. Se anunció una gira de dos años, pero durante los premios Amigo, José María hace pública la ruptura sin dar más explicaciones. Para sus seguidores, y también para la discográfica, la decepción fue terrible. «A Dani le acababan de diagnosticar el síndrome de Asperger», confiesa al cabo de los años su padre. «Ahora pienso que sí es razonable aclararlo, pero en aquel momento eso habría dado una dimensión mediática al problema».

–¿Mecano le apartó de la pintura?

–Entiendo la vida de forma providencial. Cuando estaba en Mecano pensaba que mis clases de pintura no habían tenido ningún aprovechamiento. Pero al final la vida rima; el mecano encaja.

–¿Qué relación mantiene con el resto del grupo?

–Mi hermano Nacho ha sido el ser humano, hasta que nació mi hijo, del que más cerca me he sentido. Y el más querido. Ana era mi novia cuando tenía 15 años, y me sigue pareciendo una mujer muy especial.

–¿Ellos han estado en alguna de sus exposiciones?

–No, pero bueno, tampoco he insistido mucho. La distancia…

–Su obra apenas se conoce en España. ¿Quedó escaldado con la polémica acerca de su ópera?

–Aquello fue un fantástico banco de pruebas. Antes era más ingenuo.

Son las cuatro de la tarde. Ringggggg. Alguien llama. «¡Seguro que es mi hijo!». Dani entra repitiendo con insistencia: «¿Dónde está mi iPod?». Me lo presenta. Es un crío educado y encantador. Ambos se saludan entrechocando con ternura sus cabezas y luego desaparecen por el pasillo. Contemplando la escena, uno piensa que, efectivamente, el mecano encaja.

En la página web donde cuelga sus cuadros www.josemariacano.net

 

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