Andrés Sardá

Andrés Sardá

Andrés Sardá está considerado el rey de la lencería de lujo. Su padre se dedicaba a la confección de mantillas, y él apostó por la moda íntima de alta gama. Pionero en la introducción de las fibras elásticas, el reto de este diseñador catalán de 70 años fue transformar la “horrorosa” corsetería de entonces en prendas funcionales, creativas y refinadas que la mujer pudiera lucir con orgullo. Hoy exporta sus marcas Andrés Sardá, Risk y University a 44 países. Algunos modelos alcanzan los 300 euros.

POR JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
Su despacho de Barcelona está decorado con portadas de revistas de moda, nacionales e internacionales, donde las modelos lucen lencería y trajes de baño con su firma. Al poco de comenzar la entrevista asoma su vena de empresario: esquiva las preguntas íntimas respondiendo con un eslogan. Ese día faltó a la cita una modelo de la casa –la que aparece en la fotografía con el jefe–, sobre cuyo cuerpo perfecto el maestro lencero prueba los prototipos de bragas y sujetadores antes de que la nueva colección se comercialice.

P. Supongo que es usted ese tipo de hombre que sabe desabrochar a ciegas el sujetador de una mujer…

R.Completamente, ja, ja. No es que sea un casanova, pero llevo media vida fabricando y diseñando prendas íntimas cómodas, funcionales y elegantes para que la mujer no sólo desee comprarlas, sino llevarlas y mostrarlas. No tenemos clientas: tenemos adictas.

P. ¿Recuerda la primera vez que vio a una chica en ropa interior?

R. No… Esta es una pregunta un poco íntima. Desde un punto de vista profesional, cuando comencé tuve muy claro que tendría que ver a muchas mujeres en sujetador. Ver cómo les sentaban para luego poder solucionar problemas anatómicos, funcionales y estéticos.

P. Su padre se inició en el sector textil a finales del siglo XIX confeccionando mantillas. ¿Por qué le dio por ahí y no por las butifarras?

R. Hay 10.000 circunstancias por las cuales uno hace butifarras, fotografías o bolígrafos. Él empezó a trabajar en una fábrica de mantillas en 898 y después decidió hacerlas. Para comercializarlas creó, junto con la familia Hernández, la compañía Sardá y Hernández Hermanos, que gozó de gran prestigio hasta los años 60. Paralelamente, a finales de los 50, mis cinco hermanos y yo dejamos nuestra participación en la empresa y fundamos la sociedad Sardá Hermanos, dedicada a las mantillas y a la fabricación de puntillas Leavers, muy parecidas a las confeccionadas a mano, caras y de gran calidad. Fuimos los primeros de España en hacerlas con nailon. En 1962 creamos dos nuevas sociedades: Belfintex, centrada en los acabados de puntillas y cortinas de encaje, y Eurocorset, especializada en lencería. Como director general de esta última, que ahora presido, mi reto fue transformar los ortopédicos productos de corsetería de aquel momento en lo que hoy se conoce como moda íntima.

P. ¿Tan ortopédica era aquella corsetería? Debía dar vergüenza mostrarla…

R. Aquella era una ropa íntima fea, para esconder. No había encajes, o eran muy básicos; la fibra elástica natural, de caucho, se ensuciaba con el sudor y se descomponía con el lavado; los cierres de hierro se oxidaban y se desprendían. La mujer no podía sentirse segura ni contenta de que la vieran así. Por eso, mi primer leitmotiv fue que la lencería dejara de ser horrorosa. Tras acabar mis estudios de Ingeniería Textil empecé a diseñar para una mujer que se preocupara de su aspecto interior y exterior. Que las prendas fueran funcionales y atractivas era un binomio difícil de conjugar. Había que pensar el tipo de materia, el peso de la prenda, su estampado… Gracias a nuestra iniciativa hoy existe una enorme oferta de tules, sedas…

P. Cuando empezó, la mujer parecía aprisionada en su propio cuerpo. ¿El arcaico diseño de la lencería favorecía semejante apretura?

R. Más bien creo que los malos hábitos alimenticios, la falta de ejercicio y el escaso conocimiento de la cosmética hacían que el cuerpo de la mujer se desarrollara de una manera que ella no deseaba, y eso le obligaba a contenerlo. Sin embargo, a comienzos de los años 60, el deseo de sentirse cómoda por dentro ya estaba flotando en el ambiente…

P. ¿Por qué dejaron de hacer mantillas?

R. Los cambios impuestos en la liturgia por el Concilio Vaticano II conllevaron el abandono del uso obligatorio de esta prenda en los oficios religiosos.

P. Así que los obispos le chafaron el negocio…

R. Pues sí, pero no les guardo ningún rencor. Con la crisis tuvimos que cambiar de estrategia, porque vimos muy claro que la mantilla se acababa. En América, y sobre todo en Sudamérica, todavía quedaban clientes fieles que nos compraban género por correo, así que viajé hasta allí para acabar de aprovechar el mercado. A lo largo de tres viajes recorrí el continente de punta a punta, desde Buenos Aires a Nueva York. Aquello fue una gincana, pero no me sentí solo, en todo momento conté con el respaldo de un director comercial de Veruccia. Recuerdo que en Nueva York, en un show room de Dupont, me hablaron por primera vez de la lycra, una fibra que aporta elasticidad a encajes y puntillas.

P. Su hallazgo revolucionó el sector.

R. Y tanto. Fuimos los primeros del mundo en introducirla. Al darme cuenta de sus posibilidades me puse en contacto con Dupont Barcelona, pero lo de la lycra les sonaba a chino. En la sede de Ginebra tampoco sabían nada. Me dijeron que no estaba homologada, y me facilitaron contactos de fabricantes de Nueva York que estaban haciendo pruebas sobre retales. Cuando la homologaron, yo ya había diseñado una colección de cinco sujetadores, unos de tergal y otros de encaje.

P. Hábleme de las tres marcas que integran Eurocorset. ¿En qué se diferencian?

R. Andrés Sardá es el buque insignia de la compañía, la colección que comercializa la línea de productos de lujo; prendas exquisitas fabricadas con los mejores tejidos y los patrones más elaborados. Risk ofrece un artículo de alta calidad, elegante y práctico, pero no tan exclusivo y University es la línea más joven, desenfadada y fresca. Las tres comercializan líneas de moda íntima y baño.

P. ¿Qué tipo de mujer decora su interior con Andrés Sardá?

R. Refinada, exigente, con buen gusto, que aprecia nuestro esfuerzo por la calidad desde que empieza a ser mujer hasta que se muere. En los 44 países donde vendemos, (exportamos el 40% de la producción) todas tienen algo en común: son espabiladas, están al día. No me atrevo a decir que sean las más hermosas, pero sí las más delicadas.

P. ¿Sabe si Letizia Ortiz está entre sus clientas?

R. Lo desconozco. Pero por lo que viaja necesitará mucha lencería. En los años 70, una política muy importante nos solicitó, de hoy para mañana, 25 conjuntos de la misma talla, color y modelo; algo discreto y funcional. Por entonces arrasaba en Estados Unidos la moda del sin sostén, pues las feministas se habían rebelado contra la moda íntima. A eso respondimos con el modelo Saturno, con tejido ligero de punto, delicado de costuras y cierta adaptabilidad. Probamos muchos colores para que se asemejara a una segunda piel. Fue un éxito, y siguen vendiéndose.

P. ¿Qué otros productos han aportado a la moda?

R. Creamos el body de cachemir, los tirantes PVC ribeteados de seda, un sujetador de diamantes desarrollado con la firma De Beers… Esta prenda única se expone como una pieza de museo y su precio debe rondar los 30.000 euros.

P. ¿Cómo explica el éxito de ventas del tanga?

R. Es sexy, cómodo, funcional y está de moda.

P. ¿Es usted el Pertegaz de la moda íntima?

R. Eso no lo puedo decir yo. Hacemos moda íntima de lujo, de calidad, de creación. Pero no tengo diseñadores de referencia a los que me pueda comparar. No soy ni el Pertegaz ni el Armani de la moda íntima. Sólo intento hacer sujetadores y bragas de alta costura. [La prenda más cara ronda los 300 euros y la más barata, los 70]

P. ¿La lencería de lujo desentona con un cuerpo viejo y arrugado?

R. No, una señora mayor tendrá que buscar la prendas más adecuadas para su edad. Lo que no nos gusta es la feria: la mujer en ropa interior no puede parecer una cabaretera. Personalmente, prefiero la elegancia y la discreción.

P. ¿Se puede ser elegante por fuera y hortera por dentro?

R. Si es hortera, seguramente no será todo lo elegante por dentro que debería.

P. ¿La experiencia en este sector le ha ayudado a entender mejor los complejos y deseos íntimos de las mujeres?

R. Si no hubiera sido un poco camaleón y no habría asimilado este deseo de la mujer de parecer lo más hermosa y sofisticada por dentro, no estaría donde estoy. Mire, tengo siete hijos (ocho, porque uno se murió) y ?4 nietos. A mí la familia me gusta mucho, soy tradicional en ese aspecto. Pero he sido feminista toda mi vida.

P. ¿De dónde salen sus ideas?

R. Hay una enorme cantidad de empresas que se dedica a vender cuadernos de tendencias. Sin embargo, no puedes ni adelantarte ni retrasarte respecto a una realidad del mercado. Creo que el éxito consiste en saber captar esta evolución y prever el próximo paso. A mi hija Nuria, que desde ?995 codirige el departamento de Diseño, le digo: “¡A ver que nos pide hoy el cuerpo!”. Percibimos lo que nos está cansando y lo que nos ilusiona.

P. ¿Cómo lleva el choque generacional?

R. Se trata de establecer y de aceptar una jerarquía consensuada, saber cuál es la misión de cada uno cuando se tiene la obligación de tomar decisiones como cuando se trata de ejecutar las directrices que nos vienen dadas.

P. ¿Le ha tentado hacer moda para hombres?

R. Me gustan más las mujeres, sobre todo, la mía. Además, la moda íntima de mujer permite una mayor creatividad. Pero creo que en la masculina hay una línea por explorar: los pijamas. Yo estoy durmiendo con pijamas diseñados por mí. Son muy cómodos, de un algodón finísimo.

P. ¿La ropa íntima se la compra su mujer o se la regala usted mismo?

R. Ambas cosas, según la ocasión.

P. ¿De no haber sido diseñador le hubiera gustado ser chef?

R. Empecé a cocinar a los cinco años porque en mi casa no me hacían la tortilla francesa al punto. La cocina es mi gran afición. Mi especialidad es un foie que tardo ocho horas en preparar. Para celebrar mi presentación en Cibeles organicé una degustación y, me entusiasmé tanto, que casi llegué tarde a la boda de mi hija.

Evolución del sujetador

Al principio, la forma que el sujetador daba al pecho era totalmente cónica, ayudado por el “espiral modelador”. En los años 70 llegó la “no-bra revolution” de mano de las feministas de Estados Unidos. Debía parecer que la mujer no llevaba sujetador. A esta tendencia, nuestra marca Andrés Sardá respondió con el modelo Saturno, el primero realizado en color “ambré”. Era invisible: no se transparentaba y la forma que daba al pecho era totalmente natural. Ninguna costura debía marcarse. En los 80, con la internacionalización de la firma, las colecciones se vuelven más sofisticadas: aparece el encaje elástico y la fantasía en tejidos y formas. En los 90, el sujetador ya empieza a formar parte del “look” exterior de la mujer; sale a la calle, se muestra sin pudor, por lo que varían las formas y materiales para convertirlo en “top”. Con la entrada del nuevo siglo, la barrera entre moda íntima y exterior se desdibuja. Las prendas son versátiles y es la mujer quien decide cómo va a usarlas. Con la incorporación de gemas, cuentas de cristal, diamantes o visón, algunos modelos están convirtiéndose en auténticas joyas.

LAS CIFRAS

Según el informe “La moda española en cifras, elaborado por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), España es el primer productor de bragas y calzoncillos de Europa y el segundo fabricante mundial de trajes de baño.
En 2003, la producción de este tipo de prendas alcanzó 1.062.000 euros. Más de las tres cuartas partes de esta cifra correspondieron a artículos de lencería.
Las exportaciones
fueron de 228.936.000 euros y las de baño, de 43.234.000. La industria española cuenta con unas 200 empresas dedicadas a esta
actividad, concentradas sobre todo en Cataluña (40%) y Valencia (20%). La creatividad y los diseños españoles están a la vanguardia mundial. Diseñadores como Andrés Sardá, Guillermina Baeza, Vives Vidal o Totón Comella exhiben sus colecciones en las pasarelas internacionales, y han sabido conectar con el consumidor transmitiéndole la importancia de estar guapo tanto por dentro como por fuera. Pero lo más característico del sector español es la irrupción de grandes grupos de moda, como Inditex o Cortefiel (segundo y tercero en el “ranking” europeo, después de la sueca H&M) que operan bajo las enseñas Oysho y Women’Secret.

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