La entrevista que no publicamos de Blas Piñar

La entrevista que no publicamos de Blas Piñar
¿Te has enterado de la muerte de Blas Piñar? (95 años)». Son las 12:00 del miércoles y la llamada me pilla fuera de juego. En principio, no parecía la persona más indicada para escribir el obituario del líder de la ultraderecha, a quien suponía ya bajo tierra. Pero enseguida recordé que hace años le había entrevistado, aunque la pieza nunca llegó a publicarse [la dirección de Crónica no lo creyó conveniente]. «¿No conservarás aquel texto? Tuvo que ser de las últimas y nos gustaría publicarla».

La frenética búsqueda en mi ordenador no dio resultado. Sin embargo, rebuscando en el armario donde tengo almacenadas viejas casetes, acabé encontrando una polvorienta cinta con su nombre, quellevaba guardada 11 años. Justo en medio de las de Rocco Sifredi y Ana Obregón.

Año 2003. A sus 84 años, la voz de Blas Piñar sonaba clara y contundente, aunque más sosegada que la que exhibía el 20-N para arengar a los nostálgicos del franquismo. Tardé en recordar la excusa de aquel encuentro: la presentación del Frente Español, una nueva formación que pretendía aglutinar a las fuerzas de la ultraderecha, entre ellas Fuerza Nueva, que él fundó en 1966.

Político, doctor en Derecho y notario, siempre fue fiel al lema de su partido: «Dios, Patria y Justicia». Recuerdo vagamente la decoración de su casa madrileña: un busto de Franco, un crucifijo y libros de Historia apretados en su biblioteca. A pesar de su dolor de cervicales, seguía levantando el brazo con orgullo. Me pareció un facha como Dios manda. Un facha inteligente y educado. Descanse en paz: él y sus ideas.

Mientras preparaba esta entrevista alguien me preguntó, entre la sorpresa y la sorna: «¿Pero Blas Piñar todavía vive?»
Lógico. Como estamos en una etapa de absoluto silencio…
¿Le ofende que le llamen «momia entre las momias», como escribió no hace mucho un columnista?
Esa expresión no la he leído nunca, pero me trae sin cuidado.
¿Está acostumbrado a este tipo de desprecios?
Después de 37 años de recibir insultos, uno acaba acostumbrándose.
Me han soplado que va a rehabilitación por un dolor de vértebras…
Sólo he estado en dos ocasiones por una molestia de cervicales…
Habrá quien se pregunte si es para seguir levantando bien el brazo, como en los viejos tiempos. Para levantarlo con orgullo, quiero decir…
(Cara de poker). Últimamente tengo que levantarlo para hacer gimnasia. Pero no me avergüenzo de levantarlo para otros menesteres, por supuesto. El brazo levantado es un signo de paz, mientras que el puño cerrado es un signo de odio. Y creo que mientras el puño se cierre, es lícito que también se levante el brazo.
¿Por qué considera que España está en trance de disolución?
En primer lugar, hay un separatismo engreído al cual el régimen actual ha entregado todos los medios para fomentarlo. Además, el terrorismo tiene el amparo no sólo en HB, sino en los partidos nacionalistas que siempre han pedido la independencia. Un país al que Sabino Arana tachaba de «mentecato, afeminado y débil». El PP, por ejemplo, en vez de hacer una política moralmente correcta, ha desbordado al PSOE en todos los sentidos: desde la permisividad de la homosexualidad en la Guardia Civil hasta el aborto libre.
¿Ha llegado a dudar de los principios fundamentales de Fuerza Nueva: Dios, Patria y Justicia?
Nunca. Al contrario, me he reafirmado cada vez más en ellos. Yo no soy de los que afirma que posee la verdad, sino que la verdad y El Verdadero le poseen a uno.
Tengo entendido que fundó Fuerza Nueva para mantener vivos los principios que, según usted, justificaron el levantamiento de Franco.
Nacimos como una revista desligada por completo del Movimiento, aunque seguía leal a los principios que conformaban el Estado Nacional y la cruzada que le dio origen.
La «cruzada» a la que usted se refiere es la Guerra Civil española…
Esa calificación la hicieron en repetidas ocasiones las más altas autoridades espirituales de la Iglesia. Yo no hice más que propagarla.
¿Aún reivindica esa cruzada?
La vida es milicia, ya lo dijo Job. Y por tanto, mientras no haya guerra caliente, la lucha ideológica continuará hasta el fin de los tiempos.
P. En 1975, Carrero le propuso como ministro de Justicia. Sin embargo, Franco lo rechazó diciendo que era usted un exaltado. ¿Lo es?
Sí, Franco entendió que yo era un hombre de cruzada. Cuando uno tiene que exaltarse para que la gente despierte, se exalta, como un corredor se exalta en el sprint final de una carrera. Pero por aquel desprecio no le negué mi lealtad.
¿Tiene usted alma de caudillo?
No, yo tengo alma de ser humano.
¿Sigue anclado en el 36?
Pasa el tiempo, pero las ideas permanecen.
¿Es usted un facha?
Si por facha se entiende un hombre católico practicante, que ama profundamente España y que está dispuesto a sacrificar todo lo que tiene en sus manos por su España… Pues sí, yo me considero facha.
Según el diccionario, «facha» es sinónimo de fascista o simpatizante de los regímenes totalitarios…
El fascismo es un fenómeno político italiano basado en una doctrina para mí respetable. Pero la gente generaliza y acaba llamando facha a cualquier cosa. Los asesinos de ETA, por ejemplo; a Fraga le han llamado facha muchas veces… Es decir, el término facha se usa con una ligereza enorme. Se ha tergiversado tanto que prácticamente no significa nada.
El historiador Javier Tusell me comentó que «en Blas Piñar se da una paradoja biográfica: a veces le tachan de fascista pero es notario, y se supone que los notarios no son fascistas. La solución a esta paradoja es que Piñar no es fascista, sino un ultranacionalista que representa a la derecha integrista católica».
No. Yo ideológicamente me muevo en una especie de Amazonas donde confluyen varios afluentes. Está la tradición española auténtica, que recogió el carlismo y actualizó Primo de Rivera. Soy un cristiano que, recogiendo la doctrina tradicional de la Iglesia, interviene en la vida pública al servicio de la fe y de su patria.
¿Y eso de que un notario no puede ser fascista?
Es una frase gratuita. Como si un actor no pudiera ser futbolista.
¿No exagera cuando afirma que España es una «nación enferma, obnubilada, agonizante y frívola?
¿Usted no lo ve? España está a punto de desgarrarse porque públicamente se pide la independencia por parte de un Gobierno que representa al Estado español; tenemos una delincuencia creciente; niños abandonados; un aumento de las mafias por la invasión migratoria; se legalizan las parejas de hecho…
«A este paso, España se consolidará como el primer Estado homosexual del planeta», ha vaticinado.
La frase no puede ser más exacta. El señor Gallardón ha visitado todos los locales gays de Madrid para ganar votos, y al frente de las manifestaciones en pro de la homosexualidad ha ido el señor Zapatero. Si los dos partidos del sistema aspiran a gobernar, es evidente que los homosexuales que les votan tendrán acceso al poder.
Y usted eso no lo ve bien, claro…
¿Pero cómo lo voy a ver bien? ¿Es que hay alguna persona con sentido común, y con una mínima formación ética y moral, que lo vea correcto?
Intuyo que, para usted, los homosexuales son personas inferiores.
Claro que son personas, como los discapacitados y como los niños en el vientre de la madre.
Hace usted una analogía entre discapacidad y homosexualidad…
No comparo, estoy diciendo que todos somos seres humanos. Una cosa es tener tendencia a la homosexualidad, como algunos pirómanos tienden a pegar fuego a los bosques, y otra pegar el fuego de verdad.
¿Le consta si en la ultraderecha hay muchas salidas del armario?
Yo eso no lo sé, hijo de mi vida. Yo no soy espía, y menos para averiguar si uno es un maricón. Son cosas que me repugnan de tal manera que constato el hecho, pero no investigo.
Tiene fama de gran orador. ¿Tuvo siempre un verbo tan encendido?
Mi capacidad oratoria se remonta a la niñez. Con tres años ya me subía a una silla y echaba unos discursos. Fue algo espontáneo; nunca fui a una escuela de oratoria. La primera vez que hablé en público, en un acto de la Federación de Estudiantes Católicos, tenía unos 14 años y me temblaban las piernas. Al final del discurso grité: «¡Viva Cristo Rey!» y me llevaron a comisaría. Allí me pusieron una multa y me eché a llorar. Le hablo de los tiempos de la II República, con Azaña en el poder.
¿Cómo ve la proliferación de mezquitas en España?
Lo vería bien si se admitiesen las iglesias católicas en Arabia Saudita. La aparición de tanta mezquita es un desafío a la cultura occidental.
¿Reconoce el Holocausto judío?
Tengo mis serias dudas sobre este asunto después de ver el nuevo holocausto que se está cometiendo con los palestinos. Si hubo holocausto, los judíos aprendieron muy bien la lección y lo han superado con creces.
No me negará la existencia de los crematorios…
Mire, mire… Yo tengo mis serias dudas en vista de la conducta de los judíos en el curso de toda la Historia, aunque no he podido investigarlo.
Pero otros lo han investigado por usted. ¿Tampoco ha visto películas como «La lista de Schindler»?
Sí, y también he visto El diario de Ana Frank, y se ha demostrado que el diario era falso… En la Historia hay muchas lagunas. Nunca sabremos quién mató a Kennedy.
¿En su familia cabe la discrepancia o sus ocho hijos comparten la ideología de Fuerza Nueva?
Hay unanimidad, sí. Algunos son más entusiastas, pero todos comulgamos con las mismas ideas.
¿Qué le ilusiona en el último tramo de su vida?
Servir con coherencia, lealtad y perseverancia a unas ideas en las que he militado. Y por consiguiente me ilusiona, a pesar de las heridas que supone el combate, el continuar en la misma trinchera.
A sus 84 años, ¿reflexiona mucho sobre la proximidad de su muerte?
De una forma más o menos consciente todos los días de mi vida.
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